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DOLOR CRÓNICO / CAPÍTULO II: Cuando la expresión “morir de dolor” es literal

Foto del escritor: Javier CruzJavier Cruz

 

4 Vientos publicó, en octubre de 2022 y en fechas diferentes, cuatro trabajos periodísticos donde dio a conocer el estado que guarda México en la vanguardia científica que busca enfrentar, con propuestas 100 por ciento nativas, la pandemia mundial del DOLOR CRÓNICO. A partir del lunes 31 de marzo de 2025, y en respuesta a una petición específica, republicamos aquella investigación serial.


 

Dolor (Imagen: Dreamstime).
Dolor (Imagen: Dreamstime).
 

En México, donde cuatro de cada diez habitantes padecen dolor crónico, no existe un presupuesto específico de la Secretaría de Salud para la atención de esta enfermedad que genera intenso sufrimiento físico y psicológico, además de múltiples daños colaterales a pacientes que solo reciben cuidados paliativos y, peor aún, se les recetan medicamentos dañinos, causantes de adicción, incapacidad y profundos estados depresivos que, en varios casos, conducen al suicidio.

 

Javier Cruz / Edición: 4 Vientos



Ensenada, B.C., México, miércoles 12 de octubre 2022.- “El 30 por ciento de las personas que sufren un dolor crónico que no es tratable, piensa en suicidarse”, confirmó Nadia Lizeth Caram Salas, especialista en Farmacología y Terapéutica Experimental.


Son los hombres, más que las mujeres, quienes terminan quitándose la vida -agregó la doctora- al encarar el fracaso de otro sistema que en México simplemente no funciona por la incapacidad de la clase gobernante y política del país de entenderlo: los llamados “Cuidados Paliativos”.


En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) los definió como “un enfoque para mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias que enfrentan problemas asociados con enfermedades potencialmente mortales, que incluye la prevención y el alivio del sufrimiento mediante la identificación temprana, evaluación y tratamiento del dolor y otros problemas físicos, psicosociales y espirituales”.

Sin embargo, otra es la realidad.


“Los medicamentos frecuentemente recetados a quienes padecen dolor crónico, pueden generar daños secundarios en los pacientes que los consumen; la gravedad de la secuela dependerá del tiempo en que se usen por prescripción médica”, aseveró la doctora Caram.


¿Cuáles son esos medicamentos?


Específicos para el dolor: Celecoxib, gabapepentina, naproxeno, paracetamol, buprenorfina y pregabalina.


Y para el tratamiento paliativo: Eritropoyetina, hipromelosa, dexmedetomidina y alprazolam.


Se trata de los más adquiridos y utilizados por las instituciones del sector público de Salud para enfrentar ambos padecimientos.


Pero la especialista del CICESE los objeta y enumera algunos efectos que estas substancias provocan en quienes las consumen:


Gastritis, náuseas, mareos, afectación hepática y renal, estreñimiento, demencia, falta de aire, debilidad, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, adicción, dependencia, tolerancia, depresión e incluso suicidio.


La propia OMS advirtió sobre los efectos secundarios de dichos fármacos, algunos de ellos sumamente dañinos.


En tanto, el sector público nacional continúa invirtiendo miles de millones de pesos en la compra de esos fármacos, según constancia del Instituto Farmacéutico México (Inefam) en su informe del primer semestre del año.


Obviamente, la institución con más derechohabientes, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ejerció mayor presupuesto en ese rubro. En el periodo 2016 a junio de 2022, fueron 12 mil 824 millones de pesos a cuidados paliativos (6.05% del gasto total del gobierno en medicinas) y 4 mil 436 millones a dolor.


 

En México, la mayoría de las instituciones públicas del sector Salud ofrecen a los pacientes con dolor crónico medicamentos "curita" que, aparte de ser inocuos en el alivio del sufrimiento, provocan otras enfermedades peligrosas para un amplio sector de la gente que los consumen (Imagen: Pixabay).
En México, la mayoría de las instituciones públicas del sector Salud ofrecen a los pacientes con dolor crónico medicamentos "curita" que, aparte de ser inocuos en el alivio del sufrimiento, provocan otras enfermedades peligrosas para un amplio sector de la gente que los consumen (Imagen: Pixabay).
 

MORIR DE DOLOR, TESTIMONIOS


En una charla realizada en el Hospital Número 8 del IMSS en Ensenada, ocho pacientes con dolor crónico dijeron que el sufrimiento ya es, para ellos, insoportable.


“No puedo ni mantenerme en pie”, se quejó uno de ellos. “Ni siquiera puedo manejar mi camioneta”, dijo otro.


Todos describieron su dolor como fuerte y permanente: “no se va ni de día ni de noche”.

Un dolor, dijeron, que convierte sus vidas en un infierno.


Algunos optan por dejar de ingerir los medicamentos prescritos por sus médicos porque sienten que “sale peor el remedio que la enfermedad”.


“Prefiero aguantar el dolor (…) Ya abandoné la dexametazona –un potente esteroide antiinflamatorio-, pero ahora me siento peor”, comentó Martha Ceseña, paciente con reumatismo crónico desde hace ocho años.


Otro enfermo crónico, Marcelino Estrada, contó:



“Me operaron de un pie y me lastimaron un nervio. Cuando salí del quirófano sólo me daban paracetamol y el dolor era insoportable. Hoy, 10 años después de la operación, sigo con el dolor, pero ahora me recetan naproxeno y dicoflenaco que ya me provocaron gastritis y daños en uno de mis riñones”-


Y claro, no podían faltar historia de recrudecimiento del dolor como efecto del confinamiento y secuelas post enfermedad provocada por la pandemia de Covid-19.

 

“En noviembre de 2020 nos dio Covid a toda la familia. Tras sufrir graves problemas respiratorios logré salir del cuadro grave, pero aun cuando me dieron de alta sentía muchísimo dolor en todo el cuerpo, principalmente en todas las articulaciones. No miento al decir que me quería morir por tanto dolor que sentía y los doctores del Seguro sólo me daban paracetamol”.

 

El narrador dijo que una amiga le recomendó a un médico privado y este, tras decirle que el coronavirus potencializó un problema de reumatismo que ya tenía antes de la pandemia, el cual ya le daba dolor, pero no le daba importancia.


El médico especialista le cambió la medicina “y ahora el sufrimiento es mucho menos intenso, pero viviré con él ahora sí hasta que me muera”.


La historia de José Luis Treviño recuerda un estudio del British Journal of Health Psychology que resume:


"La dolencia crónica en el mundo aumentó con Covid por: 1.- cierre y cancelación de citas presenciales en hospitales y clínicas; 2.- escasez de fármacos; 3.- paralización de actividades y ejercicio físico en campo; y 4.- secuelas psicológicas como ansiedad, tristeza, preocupación, vela y retiro”.


 

Las y los jornaleros. en su gran mayoría, padecen dolores crónicos a lo largo de su vida debido a las agotadoras y pesadas actividades laborales que realizan, y a que sus patrones evaden, impunes, inscribirlos al Seguro Social para que al menos reciban algo de atención médica y medicinas (Imagen: Archivo),
Las y los jornaleros. en su gran mayoría, padecen dolores crónicos a lo largo de su vida debido a las agotadoras y pesadas actividades laborales que realizan, y a que sus patrones evaden, impunes, inscribirlos al Seguro Social para que al menos reciban algo de atención médica y medicinas (Imagen: Archivo),
 

LOS MÁS OLVIDADOS


Peor, imposible. Sin embargo, llega a ser terrible en sectores de la población más vulnerable, como el de las y los jornaleros agrícolas, en su mayoría indígenas.


Abelina Ramírez Ruiz, jornalera zapoteca en el valle de San Quintín, ubicado a 300 kilómetros al sur de la ciudad fronteriza de Tijuana, en su carácter de secretaria general del Sindicato Independiente Nacional Democrático de Jornaleros Agrícolas (SINDJA), informó que miles de mujeres trabajadoras de este valle carecen de seguridad social porque sus patrones, representantes de 130 empresas nacionales y transnacionales de verduras, hortalizas, fresas y moras que les dejan ventas anuales en el extranjero mayores a los 18 mil millones de pesos, no las afilian al IMSS.


Estas compañeras, agregó, realizan acciones de trabajo muy complicadas, como permanecer inclinadas en los surcos agrícolas, de 120 metros de largo, por más de 8 horas diarias.


“¡Quién aguanta eso sin dañar su cuerpo!”, dice indignada.


Ese esfuerzo prolongado afecta músculos y huesos de piernas y brazos, así como de la columna vertebral.


Además, las trabajadoras agrícolas están expuestas a intoxicación con agroquímicos diversos.


“Muchas jornaleras terminan con enfermedades graves e incapacitantes que las llevan a sufrir dolores crónicos intensos”, dijo la activista zapoteca, sin duda una conocedora de lo que significa trabajar en el surco.


¿Y qué hacen las jornaleras cuando enferman y el dolor las domina?


“Se aguantan. Toman cualquier remedio porque no cuentan con seguridad médica”.


Lucila Hernández García, indígena mixteca con liderazgo en el valle de San Quintín, donde es dirigente estatal y municipal de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA), describió así el trabajo extenuante y riesgoso que realizan miles de jornaleras:



“A lo largo de la jornada ellas levantan y cargan botes de hasta 20 kilos de verduras y hortalizas, lo que provoca que al menos dos de cada cien mujeres tengan problemas en los músculos de la matriz. Se le cae casi por completo”.

(Lucila Hernández).



Claramente indignada, la activista mixteca continuó con su relato:


“Hay mujeres de 60 a 70 años o más, que para trabajar en los surcos, se ponen un cinturón o una banda gruesa de tela en su sexo para evitar que se les salga toda la matriz. Esto, además de ser molesto e indignante para la mujer, es muy doloroso y nadie hace algo por ellas”. 


 

Fentanilo, la altamente dependiente alternativa para combatir el dolor excesivo que, en Estados Unidos, por su uso indiscriminado en el sector médico de aquel país, generó una pandemia de adicción que hoy se achaca en su origen a México (Imagen: Gaceta UNAM).
Fentanilo, la altamente dependiente alternativa para combatir el dolor excesivo que, en Estados Unidos, por su uso indiscriminado en el sector médico de aquel país, generó una pandemia de adicción que hoy se achaca en su origen a México (Imagen: Gaceta UNAM).
 

DEL PARACETAMOL AL FENTANILO


Quienes padecen dolor crónico y recurren a las instituciones de salud pública suelen salir de la farmacia con cajas de paracetamol, pero este medicamento, explica la doctora Nadia Caram, provoca daño hepático ya que “se acumula en el hígado y nunca se va a eliminar”.


Luego, cuando las personas ya no pueden calmar su dolor con paracetamol, siguen con el naproxeno “que tampoco alivia sus dolencias, pero sí genera gastritis”.


Esos medicamentos son apenas los dos primeros peldaños de una escalera de fármacos que termina destruyendo muchas vidas y a las familias de los enfermos.



“Ahí vamos subiendo a otros dolores y medicamentos, como el fentanilo y los opioides que a su vez generan dependencia, adicción y tolerancia, hasta llegar a la codeína y la morfina.

(Nadia Lizeth Caram Salas)



Hablamos de más y más dosis para generar un efecto de dependencia y tolerancia”, explicó la experta en Farmacología y Terapéutica Experimental.


¿Qué hacer ante esa realidad?


“Hay muchos factores por corregir. Primero, las políticas socio sanitarias: No tenemos legislaciones, no tenemos políticas públicas enfocadas específicamente al problema. Luego la industria farmacéutica sólo vende cierta clase de productos, con lo que no ayuda mucho a la sociedad”.


Igualmente, la investigadora afirmó que el personal de salud no está altamente calificado. Pero, acotó, especialista sí los hay.


“Es decir, sí tenemos médicos altamente calificados en el tema, pero no hay plazas para poderlos contratar en los hospitales públicos y eso limita la atención profesional y oportuna del paciente con dolor”, aseguró la especialista.


Su afirmación contrasta con un hecho verificado por 4 Vientos.


 

En México, el número de especialistas en dolor crónico (algólogos) con registro en la AMETED es prácticamente nada para enfrentar la pandemia nacional de sufrimiento extremo. En octubre de 2022 deberían atender, en promedio, a 430 mil enfermos cada uno de ellos (Imagen: Pixabay).
En México, el número de especialistas en dolor crónico (algólogos) con registro en la AMETED es prácticamente nada para enfrentar la pandemia nacional de sufrimiento extremo. En octubre de 2022 deberían atender, en promedio, a 430 mil enfermos cada uno de ellos (Imagen: Pixabay).
 

EXCESIVO E INHUMANO


La Asociación Mexicana para el Estudio y Tratamiento del Dolor (AMETED) informó el pasado 6 de octubre, en su página digital, que apenas tiene 69 socios algólogos distribuidos en todo el país.


Se trata de especialistas enfocados al alivio del dolor crónico, que estudian la medicación científica que ayuda esencialmente a pacientes que padecen cáncer.


Pero si su cantidad en México la extrapolamos con los aproximadamente 28 a 32 millones de personas que en nuestro país padecen dolor extremo causado por sus enfermedades, hablamos de que cada uno de los especialistas atendería entre 405 mil 797 a 463 mil 768 víctimas de sufrimiento cotidiano.


Algo totalmente excesivo e inhumano.


En cuanto al sector público, José Ignacio Santos Preciado, secretario del Consejo de Salubridad General (CSG), informó que hasta el año pasado la Secretaría de Salud contaba con unidades médicas donde se ofrecen servicios de cuidados paliativos que mejoran la calidad de vida de los pacientes con dolor.


Se trata de los institutos nacionales de Perinatología (InPer), de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”; de Pediatría y Cancerología, así como los hospitales General de México, Juárez de México y General “Manuel Gea González”.


En México existen al menos 100 Clínicas de Dolor, según información del foro del Senado de la República que se realizó en febrero de 2022 sobre el dolor crónico. Pero, dijeron los foristas, no hay datos sobre las condiciones en que funcionan esas instituciones.


Al respecto, la doctora Caran Salas estimó que cada hospital en México debería contar con una clínica de dolor en donde trabajen al menos un algeólogo, un fisioterapeuta y un neurólogo especializados en tratamiento del dolor.


Esto es común, dijo la investigadora, en los Estados Unidos y Canadá.

Replicar el sistema en México “abriría muchísimas oportunidades para todos los sectores y obtendríamos un incremento considerable en la calidad de vida de los pacientes”.


Pero las cosas desafortunadamente no suceden así en un país donde anualmente 250 mil personas fallecen con sufrimiento grave relacionado con su salud, y otras 200 mil padecen enfermedad incapacitante, según reconoció el doctor Ignacio Santos Preciado (www.jornada.com.mx/2021/10/10/politica/007n3pol)


Se trata de un futuro inmediato que ya toca la puerta de nuestras casas, enciende alarmas porque muy pronto el cáncer tendrá un pie adentro en casi la mitad de nuestros hogares.


En las próximas dos décadas, entre 30 y 40 por ciento de la población mexicana tendrá algún tipo de cáncer, mismo que dará origen a un tipo de dolor “que causará estragos generales al organismo” del enfermo”.


La predicción la hace el doctor Rafael Medrano Guzmán, director de la Unidad de Medicina de Alta Especialidad del Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, al participar como ponente en el foro del Senado.


Esto sin contar el grave desgaste económico, social, patrimonial y siquiátrico que sufren los integrantes de la familia del enfermo, que se traduce en daño psíquico identificado como perturbación patológica de la personalidad que incide en la capacidad laboral y afectiva de los parientes del aquejado.


Asimismo, se manifiesta en angustia, bloqueos, desgano, ansiedad, inhibición, irritabilidad, insomnio, pesadillas, apatía, obsesión, depresión e ideas de muerte según enumera la OMS en su evaluación de la pandemia del dolor que publicó el 20 agosto de 2020.



CAPÍTULO III EL SÁBADO 5 DE ABRIL DE 2025.


CONSULTA EL CAPÍTULO I AQUÍ

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