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SALTO CUÁNTICO: Ante la amenaza Trump, ¿México será capaz de defender la paz?

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    4 Vientos
  • hace 2 días
  • 5 Min. de lectura

 

“Padre Nuestro que estás en los cielos

con las golondrinas y con los misiles

quiero que vuelvas antes de que olvides.

Mario Benedetti


Nos encontramos inmersos en la peor amenaza continental jamás vista en nuestro hemisferio. Tal vez no queremos ver, tal vez no dimensionamos el peligro, o solo tal vez nos negamos a aceptar que hemos vivido una ilusión de soberanía.


José Luis Treviño Flores* / Edición: 4 Vientos



Sheimbaum contra el fascista estadounidense. ¿Hasta dónde podrá contener la aplicación de la Doctrina Monroe en nuestro país? (Imagen: Diario Marca).
Sheimbaum contra el fascista estadounidense. ¿Hasta dónde podrá contener la aplicación de la Doctrina Monroe en nuestro país? (Imagen: Diario Marca).

Ésta Latinoamérica saqueada hasta el cansancio, sin permiso para decidir sobre nuestros recursos, con permiso de elegir a nuestros gobernantes mientras éstos sean del agrado de nuestros poderosos vecinos.


Podemos jugar a la democracia orientada hacia la administración del capital, pero no podemos ser dueños ni siquiera de nuestras tierras.


No tenemos permiso de explotar nuestro oro, nuestras tierras raras, nuestras minas pues. No tenemos permiso de comerciar con otros países más allá del llamado mundo occidental.


Algunos de nuestros presidentes juegan a ser “rebeldes” pero no pueden ir más lejos del discurso permitido. Aquellos otros gobernantes que osan practicar la verdadera rebeldía serán, sin duda, masacrados.


La soberanía no es decir que tenemos permiso de renegociar una y otra vez arancel sobre arancel. La soberanía no significa nada mientras sigamos aceptando cada condicionamiento y cada tratado desigual.


¿Qué pasaría si Latinoamérica entera se declara autónoma y se niega a recibir órdenes de los vecinos del norte? Seguramente recibiríamos una invasión masiva con las armas más poderosas del planeta. Seguramente los vecinos optarían por una amenaza nuclear, nos declararían terroristas y comprarían voluntades, infiltrarían a cada región, pagarían millones a traidores y vende patrias y seríamos traicionados por miserables cobardes a cambio de unos cuantos dólares.


La utopía de emancipación se encuentra lejos, muy lejos, como los cuentos de hadas: en un lugar muy, muy lejano.


Tenemos la colonización metida en el culo. Tenemos miedo, mucho miedo de ser libres. No sabemos cómo se mastica la libertad y muchos prefieren traicionar que vivir el infierno de una guerra en aras de ser dueños de lo que, sabemos, nos pertenece. No veríamos nunca esa emancipación.



 Venezuela y Maduro son el principio de otras incursiones militares del fascista en América: ¡o te aclimatas o te aclichingas! (Imagen: Globo Visión).
Venezuela y Maduro son el principio de otras incursiones militares del fascista en América: ¡o te aclimatas o te aclichingas! (Imagen: Globo Visión).

Entonces, ¿debemos morir para que otros en el futuro gocen de nuestro sacrificio? No, esos próceres fueron los de antes, héroes vilipendiados y convertidos en una idea inalcanzable.


¿Quiénes fue Morelos, Bolívar, Martí, Fidel, el Che, Leona Vicario, Bertha Cáceres, Carmen Serdán? Ni siquiera imaginaron pasar a la historia. Murieron para que nosotros fuéramos cobardes y olvidáramos quiénes somos.


Hemos sido humillados, tratados peor que escoria. Del Rio Bravo para abajo somos una raza de menor categoría; ni siquiera somos considerados como socios (algunos de nuestros gobernantes creen que sí) porque, en realidad, somos peones desechables inmersos en una agenda capitalista despiadada y no importa cuán pacifista y amigable seas: si ere latinoamericano, ¡entonces eres un terrorista en potencia!


Quienes ostentan el poder en el vecino país, siempre han sido fascistas, racistas y francamente neonazis; solo que era preferible mostrarse como ‘amigous’ para hacernos creer que nos respetan, pero esa relación extraña es más bien como tener una granja de diversos animalitos que se quieren mucho, que en algún momento se sacrifican para alimentar al granjero, o simplemente se venden, se encadenan o se hace experimentos con ellos.


Si aún algunos piensan que se puede negociar con Estados Unidos, entonces creen también que se puede negociar con un tigre antes de ser devorados.

.

Esto acaba de suceder en Venezuela. Nicolás Maduro fue vilmente sacado de su territorio con complicidad de nacionales comprados por el imperio estadounidense, Venezuela es el principio de otras incursiones militares: ¡o te aclimatas o te aclichingas!


Estamos ante el peor escenario jamás visto, con un Estados Unidos desesperado por falta de recursos energéticos, por una nación en completa crisis económica dirigida por la peor calaña fascista y auspiciada por el estado Israel.


Estamos ante el establecimiento de un nuevo orden mundial donde la ONU significa NADA, donde naciones como China y Rusia solo pueden demandar mesura ya que una intervención directa para salvaguardar el derecho de autodeterminación y no intervención militar significaría una guerra global nuclear.



Putin, Trump y Xi Jinping ¿se reparten el mundo? (Imagen: Getty Images).
Putin, Trump y Xi Jinping ¿se reparten el mundo? (Imagen: Getty Images).


Esas dos potencias saben que Estados Unidos y sus miserables aliados no se detendrán. Así lo hicieron cuando usaron la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki.


Igual hay que tener en mente que ya negociaron los hemisferios y juraron no intervenir en las decisiones de “América para los americanos”, Ucrania y otras regiones para Rusia, Taiwan para China, y Gaza para Israel. Así, el mapa geopolítico se reacomoda y los principales protagonistas solo pueden pronunciar frases de "consternación”, pero sin actuar a favor de nada ni de nadie.


Así fueron cayendo como fichas de dominó Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Paraguay, Republica Dominicana y Bolivia. Todas víctimas de la ultraderecha más rancia jamás vista.


Se derrumbaron mediante el fraude electoral o por el miedo de una intervención militar. Por eso cada país parece se encamina a seguir las ordenes de Estados Unidos a pie juntillas.


También se desmoronaron -hay que decirlo- por errores cometidos por los gobiernos “progresistas” que creyeron la historia de ser “democracias libres”, o por negociar salidas a cambio del respeto a la vida de quienes los presidieron.


Y México, nuestro querido México, gobernado por una mujer que ha negociado hasta lo imposible aun sabiendo que estamos al borde de una incursión ante la más mínima frase mal dicha, está rodeado por la peor de las ultraderechas, que es la misma que ya trajo al país a un emperador extranjero, que es la misma que ha visitado continuamente al gobierno del vecino país norteño pidiendo una invasión, que es la misma que sueña ser extranjera, rubia y dueña de nada,  pero feliz de ser la mascota predilecta de Estados Unidos.


Yo pregunto, ¿será capaz de defender a la patria?



… Ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas

perdónanos si puedes nuestras deudas,

pero no nos perdones la esperanza

no nos perdones nunca nuestros créditos

a más tardar mañana saldremos a cobrar

a los fallutos tangibles y sonrientes forajidos

a los que tienen garras para el arpa

y un panamericano temblor con que se enjugan

la última escupida que cuelga de su rostro

poco importa que nuestros acreedores perdonen

así como nosotros una vez por error

perdonamos a nuestros deudores

todavía nos deben como un siglo de insomnios y garrote

como tres mil kilómetros de injurias como veinte medallas a Somoza

como una sola Guatemala muerta

no nos dejes caer en la tentación de olvidar

o vender este pasado o arrendar una sola hectárea de su olvido

ahora que es la hora de saber quiénes somos

y han de cruzar el río del dólar y su amor contrarrembolso

arráncanos del alma el último mendigo

y líbranos de todo mal de conciencia

amén.


Mario Benedetti.

"Cómo se llega al sur de Río Grande”


* José Luis Treviño Flores es profesor y activista social en Juárez, Chihuahua, en donde es subdirector académico de la Secretaría de Educación Pública.

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