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La espera angustiante y el llanto como protesta del pueblo Inuit

  • Foto del escritor: 4 Vientos
    4 Vientos
  • 19 ene
  • 3 Min. de lectura

“Cuando las visi­tas están a punto de lle­gar, surge una sen­sa­ción de inquie­tud. Puede que no deje­mos de mirar por la ven­tana, o que nos calle­mos a mitad de la con­ver­sa­ción, pen­sando que hemos oído el ruido de un coche. Entre los Inuit esta anti­ci­pa­ción ansiosa, que los llevó a explo­rar las lla­nu­ras árti­cas hela­das en busca de tri­neos que se acer­ca­ran, se llama Ikt­suar­pok”.

 

Lucía Méndez Prada* / El Mundo / Edición: 4 Vientos



Trump y su obsesión vengativa de quedarse con Groenlandia luego de no recibir el premio Nobel de la Paz; pero el país ártico no está en venta (Imagen: Christian Andersen / Flickr / SA)
Trump y su obsesión vengativa de quedarse con Groenlandia luego de no recibir el premio Nobel de la Paz; pero el país ártico no está en venta (Imagen: Christian Andersen / Flickr / SA)

Esta una de las 156 entra­das que tiene el valioso y apa­sio­nante Atlas de las emo­cio­nes huma­nas de la his­to­ria­dora bri­tá­nica Tif­fany Watt Smith.


Los Inuit son un pue­blo legen­da­rio que vive en la zona ártica de la tie­rra, Groenlan­dia por ejem­plo, y que ha resis­tido durante siglos las visi­tas de otros pue­blos más beli­co­sos que ellos, sin per­der su per­so­na­li­dad gra­cias a su capaci­dad de adap­tarse al frío y al res­peto abso­luto a valores y cos­tum­bres que hacen sagra­das la soli­da­ri­dad, la calma y la cola­bo­ra­ción mutua.


Antes de que Daniel Gole­man asom­brara al mundo con el con­cepto de "inteligencia emo­cional”, los inuits ya eran exper­tos prac­ti­can­tes y la apli­ca­ban en la edu­ca­ción de sus hijos.


Los inuits de Groen­lan­dia ahora mismo están sin­tiendo de forma intensa esa emo­ción que llaman ikt­suar­pok (pro­nun­ciado it-so-ar-pok), espe­rando una visita.


Pero lo hacen no con la felici­dad, ale­gría y dicha con las que las fami­lias esperan, por ejem­plo, la visita de los hijos y los nie­tos para pasar el día.


Los inuits expe­ri­men­tan estos días con desa­so­siego, inquie­tud, zozo­bra, angustia y ner­vio­sismo. La visita que espe­ran y temen es la de Donald Trump con sus trom­pe­te­ros.


Y es que los inuits están acos­tum­bra­dos a una vida dura, pero al mirar por la ven­tana y pen­sar que ese hom­bre del Des­pa­cho Oval puede que­rer su helado terri­to­rio sólo para demos­trarle al mundo que es él quien manda, se fro­tan los ojos con incre­du­li­dad.



Protestas explícitas de inuits y groenlandenses contra Trump (Imagen: Christian Klindt Soelbeck EFE/ EPA).
Protestas explícitas de inuits y groenlandenses contra Trump (Imagen: Christian Klindt Soelbeck EFE/ EPA).

Lo hacen como si la espera no fuera real, como si se hubie­ran dor­mido al calor de las pie­les y ese hom­bre millo­na­rio, el de los bai­les extra­ños, cabe­llo amarillo, indi­vi­dua­lismo bru­tal y conducta despiadada, com­pu­siera un espejismo de la nieve refle­jada en el sol.


Por eso su protesta de hoy la realizan con fuerza y claridad, pero también con el llanto que provoca el coraje y la indignación.


Pero el desasosiego de los inuits no es único. Ahora mismo inuits somos todos los euro­peos.


Empe­za­mos a dar­nos cuenta de esto de manera alarmante.


Porque antes de ahora las visi­tas de los jefes estadounidenses eran aco­gi­das como las que lle­ga­ban a casa de los pue­blos inuits: con inquie­tud expec­tante de reci­bir a alguien que era querido, un aliado, coo­pe­ra­dor, res­pe­tuoso y hasta bien educado.


Ahora no deja­mos de mirar el móvil hasta 150 veces al día espe­rando al empera­dor de la era digi­tal y las redes socia­les.


El que tenía que lle­gar, llegó… Y está ganando.



* Lucía Méndez Prada es licenciada en Información por la Universidad Complutense de España. En 1989 formó parte del equipo fundador del diario conservador El Mundo, periódico del que fue corresponsal parlamentaria hasta 1996,​ año en el que, tras ganar las elecciones generales el Partido Popular, pasó a formar parte de la Secretaría de Estado de Comunicación del primer gobierno presidido por José María Aznar López. Actualmente es encargada de la sección Asuntos Internos del diario El Mundo y ejerce como docente en la Universidad Camilo José Cela.

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