La espera angustiante y el llanto como protesta del pueblo Inuit
- 4 Vientos

- 19 ene
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“Cuando las visitas están a punto de llegar, surge una sensación de inquietud. Puede que no dejemos de mirar por la ventana, o que nos callemos a mitad de la conversación, pensando que hemos oído el ruido de un coche. Entre los Inuit esta anticipación ansiosa, que los llevó a explorar las llanuras árticas heladas en busca de trineos que se acercaran, se llama Iktsuarpok”.
Lucía Méndez Prada* / El Mundo / Edición: 4 Vientos

Esta una de las 156 entradas que tiene el valioso y apasionante Atlas de las emociones humanas de la historiadora británica Tiffany Watt Smith.
Los Inuit son un pueblo legendario que vive en la zona ártica de la tierra, Groenlandia por ejemplo, y que ha resistido durante siglos las visitas de otros pueblos más belicosos que ellos, sin perder su personalidad gracias a su capacidad de adaptarse al frío y al respeto absoluto a valores y costumbres que hacen sagradas la solidaridad, la calma y la colaboración mutua.
Antes de que Daniel Goleman asombrara al mundo con el concepto de "inteligencia emocional”, los inuits ya eran expertos practicantes y la aplicaban en la educación de sus hijos.
Los inuits de Groenlandia ahora mismo están sintiendo de forma intensa esa emoción que llaman iktsuarpok (pronunciado it-so-ar-pok), esperando una visita.
Pero lo hacen no con la felicidad, alegría y dicha con las que las familias esperan, por ejemplo, la visita de los hijos y los nietos para pasar el día.
Los inuits experimentan estos días con desasosiego, inquietud, zozobra, angustia y nerviosismo. La visita que esperan y temen es la de Donald Trump con sus trompeteros.
Y es que los inuits están acostumbrados a una vida dura, pero al mirar por la ventana y pensar que ese hombre del Despacho Oval puede querer su helado territorio sólo para demostrarle al mundo que es él quien manda, se frotan los ojos con incredulidad.

Lo hacen como si la espera no fuera real, como si se hubieran dormido al calor de las pieles y ese hombre millonario, el de los bailes extraños, cabello amarillo, individualismo brutal y conducta despiadada, compusiera un espejismo de la nieve reflejada en el sol.
Por eso su protesta de hoy la realizan con fuerza y claridad, pero también con el llanto que provoca el coraje y la indignación.
Pero el desasosiego de los inuits no es único. Ahora mismo inuits somos todos los europeos.
Empezamos a darnos cuenta de esto de manera alarmante.
Porque antes de ahora las visitas de los jefes estadounidenses eran acogidas como las que llegaban a casa de los pueblos inuits: con inquietud expectante de recibir a alguien que era querido, un aliado, cooperador, respetuoso y hasta bien educado.
Ahora no dejamos de mirar el móvil hasta 150 veces al día esperando al emperador de la era digital y las redes sociales.
El que tenía que llegar, llegó… Y está ganando.
* Lucía Méndez Prada es licenciada en Información por la Universidad Complutense de España. En 1989 formó parte del equipo fundador del diario conservador El Mundo, periódico del que fue corresponsal parlamentaria hasta 1996, año en el que, tras ganar las elecciones generales el Partido Popular, pasó a formar parte de la Secretaría de Estado de Comunicación del primer gobierno presidido por José María Aznar López. Actualmente es encargada de la sección Asuntos Internos del diario El Mundo y ejerce como docente en la Universidad Camilo José Cela.



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