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MUSA VERDE: Saber y (no) hacer (Parte 1)

  • Foto del escritor: 4 Vientos
    4 Vientos
  • 15 feb
  • 4 Min. de lectura

Para muchas de las crisis ambientales (políticas o de salud, aunque estrictamente no correspondan a esta columna) que hemos padecido, vivimos o vamos a vivir, existe información que no sólo predice la crisis, sino también la forma de cómo podemos prevenirla o solucionarla.


 

Horacio de la Cueva* / Edición: 4 Vientos

 

 

Representación artística de la crisis medioambiental generada con inteligencia artificial por el portal freepik.com
Representación artística de la crisis medioambiental generada con inteligencia artificial por el portal freepik.com
 

Lo que presento aquí no es una lista cronológica o de mis prioridades, preocupaciones y acciones a tomar. Tampoco es un inventario exhaustivo. Siempre tendremos el reto de otras crisis y la oportunidad de evitarlas o superarlas.


Es, sí, un llamado para determinar cuál fue, cuál es y cuál puede ser nuestro papel personal, civil e institucional para cuidar y mejorar nuestro medio ambiente, y así evitar la crisis desde la familia, pasando por el hogar, nuestro lugar de trabajo y el entorno en que vivimos.


Los entornos remotos también deben quedar en nuestro directorio.


Primero recordemos que en 1977 se lanzó un boicot contra la compañía suiza Nestlé, el consorcio transnacional de alimentos más grande del mundo. Primero en los Estados Unidos y después en Europa.


La razón del rechazo fue la respuesta a una campaña muy agresiva que Nestlé hizo en África, América Latina y otros países del entonces conocido como Tercer Mundo para vender leche en polvo, artículo comercial conocido como Fórmula Infantil, un suplente de la leche materna.


La finalidad del boicot era, y aún hoy sigue siendo, presionar a Nestlé para que abandone esas prácticas agresivas y dañinas a la economía familiar y a la salud de los recién nacidos.


Actualmente sabemos que la fórmula infantil de Nestlé no substituye a la leche materna. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que, durante los primeros seis meses posteriores al nacimiento, se alimente directamente con leche suministrada por la madre de los bebés.


 

Un boicot que hoy continúa y se extiende a todos los productos de la transnacional suiza.
Un boicot que hoy continúa y se extiende a todos los productos de la transnacional suiza.
 

Sabemos que la leche materna ayuda a desarrollar el sistema inmune y a promover el desarrollo de hormonas, además de reforzar el vínculo entre madre y criatura.


Igualmente sabemos que una mujer que deja de amamantar pierde la capacidad de producir leche, obligando al uso de la fórmula infantil.


Conocemos que la fórmula láctea infantil requiere de agua limpia para su preparación y que el agua potable no existe en muchos lugares, por lo que no es difícil que los recién nacidos alimentados con esta técnica enfermen y mueran.


Estamos al tanto de que el objetivo principal de Nestlé es brindar altas ganancias a sus dueños, y de que la fórmula infantil no es caridad ni es barata, por lo que pocas personas en el Tercer Mundo —hoy conocidas como “economías emergentes”— pueden pagar el precio del producto.


Nestlé lo regalaba en los hospitales, pero había que pagarlo fuera de ellos. Por eso el boicot contra el conglomerado empresarial continúa y tú puedes apoyarlo. Es más efectivo si haces saber a la compañía que la estas excluyendo y por qué.


Asimismo, conocemos que el cambio global es un fenómeno climático que afecta a todos los ecosistemas y conmueve la forma de vivir de muchas especies, incluida la población humana.


Sabemos que la causa principal del actual calentamiento planetario es antropogénica y que se debe a la quema masiva de combustibles fósiles que la humanidad inició con la Revolución Industrial al final del siglo XIX.


 

El monstruo creado por la avaricia sin fin de una élite oligarca de la humanidad (Imagen: cdn.yle.fi).
El monstruo creado por la avaricia sin fin de una élite oligarca de la humanidad (Imagen: cdn.yle.fi).
 

Y aprendimos que es la liberación de dióxido de carbono (CO2), uno de los gases de efecto invernadero (GEI), es lo que atrapa el calor generado por la incidencia de los rayos solares en los suelos del planeta.


Igualmente sabemos que el CO2 y otros GEI permitieron la presencia de la vida en la Tierra porque mantienen una temperatura estable en la atmósfera, sin devastadores contrastes como los que ocurren en la Luna (120 a -130 grados Celsius) o Marte (20 a -153 grados).


Tenemos información certera acerca de que la temperatura del planeta cambió debido a eventos naturales y conocemos que las compañías petroleras sabían que el aumento de GEI cambiaría el clima de la tierra.


Contamos con datos científicos que demuestran objetivamente que aun cuando nos podemos auto limitar a un aumento de 1.5 grados en la actual temperatura global, seguirán las catástrofes climáticas como incendios forestales más grandes y frecuentes; huracanes, ciclones y tifones de mayor intensidad y duración; sequías más prolongadas, y más continuos de los vórtices polares.


Estamos conscientes de que debemos abandonan el uso de los combustibles fósiles y de que las formas de energía alternativa sustentable, aunque con riesgos ambientales, son ahora más baratas y sus efectos nocivos son menores a los que generan los hidrocarburos fósiles o la energía nuclear.


Hay certeza de que el transporte público, con motor de combustión interna o eléctrica, tiene un menor impacto ambiental que los automóviles privados en los que raramente viaja más de una persona.


Igualmente, sabemos que tenemos la capacidad, pero no el deseo de mejorar el transporte público; que debemos abandonar nuestra dependencia de los combustibles fósiles no sólo por los daños ambientales y sociales que éstos provocan, sino también porque se van a encarecer y acabar.


Y finalmente todos concluimos que la humanidad sabe resolver crisis, pero en este problema fundamental no lo hacemos porque simplemente no nos da la gana hacerlo (Continuará).



 


* Horacio de la Cueva Salcedo es doctor en Filosofía (Zoología) por la University of British Columbia, Canadá. Es también investigador titular del Departamento de Biología de la Conservación en el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese). Especialista en biomecánica, conservación de especies y ecosistemas. Asimismo, es divulgador de la ciencia y colaborador de 4V.

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