Las Playas que Perdimos. El Muelle de Ensenada y su Impacto Ambiental en la Bahía
- 4 Vientos

- 25 ago
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Es lamentable que continúen ocurriendo pérdidas de vidas en las peligrosas playas de la bahía de Ensenada, caracterizadas hoy por sus fuertes corrientes de retorno.
Arnulfo Estrada Ramírez* / Edición: 4 Vientos
Recinto portuario de Ensenada, a 75 años del inicio de su construcción. El puerto y la inmensa zona de playas que la obra desapareció al sur.
Imágenes de Uniradio Baja (izquierda) y Pinterest.
Escucha el podcast con el resumen de este trabajo especial:
Ensenada solía contar con playas amplias y seguras, pero la falta de visión gubernamental llevó a su destrucción para ganar terrenos al mar.
Esta es solo una parte de la historia.
El 1 de octubre de 1951, el entonces presidente de México, Miguel Alemán Valdés, detonó la primera carga de dinamita para iniciar la construcción del nuevo muelle de altura de Ensenada.
Este evento histórico transformó para siempre la fisonomía local y su extensa y atractiva bahía.
La obra también trajo consigo progreso económico a Ensenada, que atravesaba una crisis derivada de la Segunda Guerra Mundial, la cual había concluido recientemente al momento de iniciar la edificación del muelle.
Con el paso de los años, podemos concluir que la construcción de dicha infraestructura portuaria tuvo un alto costo ambiental, ya que el recinto portuario se expandió hasta abarcar 337 hectáreas, de las cuales 249 están en aguas del océano Pacífico, y las 88 restantes en una zona terrestre.
El problema radicó en que el área terrestre se obtuvo ganando terrenos al mar mediante un relleno extraído de las principales playas ubicadas en las inmediaciones de la hermosa bahía.
Esto resultó en la desaparición de la playa municipal de la ciudad, así como de gran parte del Cerro El Vigía, de donde el gobierno y los contratistas obtuvieron la roca utilizada para construir las dársenas del nuevo puerto y el rompeolas que las protege.
La empresa constructora fue “Clark y Mancilla, S. A.”, representada por el ingeniero civil y general militar José de Jesús Clark Flores, una figura cercana al presidente Miguel Alemán.
Para obtener el material de relleno se recurrió al Cerro El Vigía, ubicado en la parte noroeste de la bahía, que sirvió como referencia para construir el rompeolas.
Debido a la naturaleza rocosa del cerro, fue necesario utilizar dinamita y adquirir la maquinaria más moderna del mercado nacional para llevar a cabo dicho trabajo.
Adjunto una serie de fotografías que ilustran esta historia:
Así lucía ensenada en 1925. Su playa era segura, limpia y muy extensa. La Playa Municipal en la década de 1930. Se extendía desde el inicio del Bulevar Costero. 1 de octubre de 1951. Explosión con dinamita inicia el nuevo puerto El espigón del puerto en foto de Howard Gullik a finales de los 50. Relleno de una parte de Playa Hermosa en marzo del 2007. Marzo de 1983. Tormentas dañan el puerto y campos turísticos de la bahía. Playa donde dos personas murieron por fuertes corrientes de retorno Imagen satelital de 2010 muestra terrenos ganados al mar por obras del puerto Playa rellenada con rocas luego de las tormentas de 1983.
En la primera etapa del proyecto se contempló la construcción del relleno del rompeolas y el muelle hasta la desembocadura del Arroyo Ensenada, afectando así gran parte de lo que los ciudadanos de Ensenada conocían como la “Playa Municipal”.
El 1 de diciembre de 1972 se concluyó la etapa de rellenos y los terrenos ganados al mar se declararon bienes del dominio público, incorporándose al recinto portuario.
Estos rellenos continuaron a lo largo de toda la Playa Municipal hasta llegar a su límite con el arroyo El Gallo, concluyendo a finales de la década de 1990.
La distribución de áreas del recinto portuario quedó de la siguiente manera:
Zona Comercial. Zona de Astilleros. Zona de Pesca. Zona de Pesca Deportiva y Ribereña. Segunda Zona Naval. Zona de Graneles Mineros. Y Zona de Ampliación al Sur de Arroyo El Gallo.
Lo más grave y perjudicial es que en este noble cuerpo de agua, patrimonio histórico y paisajístico de los ensenadenses, se han vertido impunemente durante seis décadas grandes cantidades de aguas negras, desechos industriales y residuales de la ciudad, así como sustancias tóxicas derivadas de la actividad portuaria.
Lo más condenable es que todos los gobiernos municipales no solo lo han permitido, sino que también lo han provocado.
Independientemente de su afiliación política, ya sea del Partido del Trabajo, PRI, PAN, o Morena, que se presenta como la esperanza y bienestar, todos han sido responsables.
En resumen, estas playas son insalubres y tóxicas, afectando gravemente la salud pública de la población local y de los bañistas extranjeros, así como deteriorando las actividades recreativas, la seguridad y protección del entorno ecológico de la bahía y sus playas, y el patrimonio cultural de los habitantes.
Como resultado, la Bahía de Todos Santos, nombre original dado por los españoles, se convirtió en la bahía más contaminada de México durante las décadas de 1980 y 1990.
* Arnulfo Estrada Ramírez fue cronista oficial del municipio de Ensenada, B.C. Es originario de Cuauhtémoc, Chihuahua. Radica en Ensenada desde 1967. Es oceanólogo egresado de la Universidad Autónoma de Baja California. Fue investigador oceanográfico en la Secretaría de Marina y su pasión se extiende a la preservación de la cultura indígena, especialmente en la lengua yumana kiliwa, al borde de la extinción.



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