Issac del Toro: "Bien chilo"
- Javier Cruz

- 26 jul
- 5 min de lectura
Actualizado: 28 jul
"Está bien chilo", decía un Isaac del Toro de apenas 18 años. Sonreía con esa mezcla de inocencia y hambre que sólo tienen los jóvenes que todavía no saben hasta dónde pueden llegar.
Néstor Cruz Tijerina* / Edición: 4 Vientos

Escucha el podcast con el resumen de este artículo:
El joven ciclista iba dentro de un automóvil recorriendo los Campos Elíseos, en París, Francia, mientras uno de sus amigos le señalaba la avenida y le decía que por ahí terminaba el Tour de Francia.
Hoy volvió al mismo lugar. Pero ya no iba en un carro. Llegó pedaleando.
Con el Arco del Triunfo radiante y el atardecer parisino dibujando una postal irrepetible, subió dos veces al podio final: Primero para recibir el maillot blanco como mejor joven del Tour y después para ocupar el tercer escalón de la clasificación general, reservado únicamente para los gigantes de este deporte.
Antes de continuar explico que, para los ensenadenses, cuando algo está "bien chilo", significa que es extraordinario. Que está cabrón. Que supera cualquier expectativa.
Y sí.
Está bien chilo que aquel muchacho haya regresado a París convertido en el mejor ciclista mexicano de todos los tiempos. Más todavía porque sigue siendo el mismo morro. Con la misma sonrisa. Con la misma sencillez. Con la misma forma relajada de hablar.
Sólo que ahora el mundo entero sabe quién es.
Isaac entró definitivamente al territorio reservado para los deportistas mexicanos que trascienden generaciones, junto a nombres como Julio César Chávez, Ana Guevara, Lorena Ochoa y muy pocos más.
Y sin ánimo de restarle mérito a nadie, lo conseguido por él en uno de los deportes individuales más exigentes del planeta lo coloca, desde mi punto de vista, en el nivel competitivo más alto que ha alcanzado un atleta mexicano.
Y, paradójica y sorprendentemente, apenas está comenzando.

Los elogios ya sobran. Prefiero detenerme en una frase que él mismo dijo hace rato en entrevista con David Faitelson.
Comentó que muchas veces no alcanzamos a dimensionar lo difícil que resulta competir, viniendo de Latinoamérica, contra europeos que llevan décadas construyendo una cultura ciclista, infraestructura, formación de entrenadores, equipos de desarrollo y apoyo institucional.
Tiene razón. Isaac no es producto de un sistema. Es la excepción que sobrevivió al sistema. Como el ecuatoriano Richard Carapaz. Como algunos cuantos más.
Son milagros deportivos. No son la consecuencia natural de políticas públicas inteligentes ni de proyectos de largo plazo.
Es cierto. Una bicicleta de alto rendimiento cuesta mucho más que un balón y eso, en países con mejores salarios, para cualquier familia resulta mucho más alcanzable obtener.
Además, en esas naciones las carreteras tienen menos baches, existen ciclovías, los entrenadores cuentan con mayor preparación, las competencias juveniles abundan y el talento encuentra un camino mucho menos accidentado.
Aquí, en cambio, muchas veces el primer gran rival no es el cronómetro. Es la realidad.
Por eso da un poco de pudor ver a tantos gobernantes publicar hoy fotografías y largas felicitaciones para Isaac, como si el éxito hubiera brotado de alguna oficina gubernamental y no de miles de madrugadas, sacrificios familiares y kilómetros recorridos casi siempre contra la corriente.
Los atletas no necesitan tanto las felicitaciones cuando ganan. Necesitan apoyo cuando todavía nadie sabe quiénes son.


Ojalá la historia de Isaac y de su familia inspire a miles de niños latinoamericanos a perseguir sueños que parecen imposibles.
Y ojalá también provoque un poco de vergüenza en quienes administran el deporte únicamente desde el escritorio y descubren a sus campeones el mismo día que el resto del mundo.
En fin.
La última etapa fue un auténtico espectáculo.
Ver enfrentarse a Tadej Pogačar y Mathieu van der Poel en las calles de París fue como asistir a un duelo entre dos artistas que dominan disciplinas distintas, pero hablan el mismo idioma: El de la grandeza.
El neerlandés (Van der Poel) volvió a demostrar que es, quizá junto con muy pocos corredores, uno de los pocos capaces de producir más potencia que el eslovaco Pogačar en esfuerzos explosivos. Lo derrotó en un ataque memorable que ya forma parte de los finales inolvidables del Tour.
Vale la pena ver esa llegada una y otra vez.
Y después apareció otra imagen que también quedará para siempre.
Pogačar, Remco Evenepoel e Isaac del Toro compartiendo el podio final del Tour de Francia. Tres personalidades distintas. Tres formas diferentes de entender y vivir el ciclismo.
Y, en medio de toda la solemnidad, Tadej jugando con Isaac a rapear usando el micrófono durante la ceremonia de premiación.
Esa sencillez explica también por qué el esloveno es tan admirado fuera de la bicicleta.
"Nunca imaginé que uno de mis mejores amigos fuera a ser un esloveno campeón del mundo", dijo Isaac poco después.

Y es imposible no sonreír.
Porque tampoco nadie imaginó que aquel niño de Ensenada que corría con Autotec y era un Pupilo del Chon (José Ascensión Acevedo Castellanos), terminaría rompiendo todas las reglas no escritas del ciclismo mundial para subir al podio del Tour de Francia.
Un lugar donde parecía que sólo podían llegar los elegidos de Europa. Hoy sabemos que no. También puede llegar un muchacho que aprendió a rodar viendo el Pacífico.
Al final de las entrevistas, Isaac dejó una frase que quizá resume todo lo que viene: "Parece que Tadej quiere que ocupe su lugar."
No lo dijo con arrogancia. Lo dijo como quien acepta un desafío.
"Voy a tener que trabajar mucho", sentenció.
Y quienes hemos seguido su carrera desde que conquistó el Tour de l'Avenir sabemos perfectamente lo que esas palabras significan.
Que va a intentarlo hasta el último aliento. Que todavía no hemos visto su mejor versión.
Gracias, Isaac. Gracias por recordarnos que, de vez en cuando, los sueños también hablan con acento ensenadense.
Y que, cuando eso ocurre... ¡está bien chilo!
*Néstor Cruz Tijerina es técnico en Periodismo. Colabora con el medio digital AGP Deportes. Fundador de la revista digital Quo Vadis. Es generador independiente de contenidos multimedia en medios digitales de Baja California. Es un apasionado al ciclismo y a las carreras atléticas de medio y largo fondo, en donde participa de manera individual o en compañía de su pelirrojo perro Ragnar.



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