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El cuento de la criada: Una advertencia y un llamado urgente a la movilización y resistencia

Foto del escritor: 4 Vientos
4 Vientos
1 sept
6 min de lectura

Recientemente he estado viendo la serie de Netflix "El cuento de la criada". Aunque se presenta como una distopía que describe una sociedad ficticia aterradora e indeseable, con un gobierno fascista, teocrático-militar, desprovisto de libertades y completamente deshumanizado, su similitud con la realidad actual en Estados Unidos e Israel es notable. Esta situación podría replicarse, y de hecho ya ocurre, en América Latina.


José Mena* / Edición: 4 Vientos



El Cuento de la Criada. Imagen creada con inteligencia artificial de Bing.
El Cuento de la Criada. Imagen creada con inteligencia artificial de Bing.

Escucha el podcast con el resumen de este artículo:




La obra me ha llevado a reflexionar sobre el futuro inmediato en el Medio Oriente, donde un gobierno de corte fascista-sionista como el de Israel, apoyado por un imperio en declive (Estados Unidos), lleva a cabo una guerra de exterminio contra sus vecinos mientras el mundo permanece en silencio.


La serie se basa en un libro de la escritora canadiense Margaret Atwood, escrito en 1985. Aunque en ese momento se consideraba futurista, hoy en día parece una peligrosa realidad cercana, especialmente con la llegada de gobiernos de derecha en América Latina.


La historia presenta un país llamado República de Gilead, resultado de una guerra civil en Estados Unidos, donde el grupo dominante es una facción fascista de ricos (aparentemente evangélica sionista) que toma el control de gran parte del territorio estadounidense, estableciendo un gobierno teocrático-militar basado en su interpretación particular de la Biblia.


Cualquier semejanza con el actual gobierno plutocrático y confesional de Estados Unidos es mera coincidencia.


Este grupo, con gran poder económico y religioso, logró convencer a una sociedad apática, en crisis social, económica y moral, con alta contaminación ambiental y problemas de fertilidad, de llevar a cabo un golpe de estado.


Como resultado, se instauró una junta de comandantes varones que gobiernan un estado patriarcal y totalitario, respaldado por un supuesto mandato divino de las sagradas escrituras.


El nuevo régimen revoca todos los derechos humanos, especialmente los de género que las mujeres y los grupos de diversidad sexual (LGTB) habían conquistado.


El derecho a la propiedad y al empleo, así como a tener una cuenta bancaria y autonomía corporal, están prohibidos. Su reivindicación es castigada con tortura, mutilaciones, cárcel o destierro.


El grupo en el poder establece una nueva constitución basada en la Biblia, o en una parte de ella. Asimismo, la nueva clase gobernante crea un ejército represor y asesino que patrulla las calles, manteniendo un estado de sitio permanente.



Escena creada con inteligencia artificial de Bing acerca de un mercado vigilado por guardias, que representa la opresión bajo un régimen autoritario y teocrático que manipula a la población con promesas de orden y seguridad.
Escena creada con inteligencia artificial de Bing acerca de un mercado vigilado por guardias, que representa la opresión bajo un régimen autoritario y teocrático que manipula a la población con promesas de orden y seguridad.

Las mujeres son codificadas por el color de su ropa, vestidas con atuendos de corte calvinista.


Son clasificadas y controladas según la función que deben cumplir para el Estado.


Las esposas de los comandantes (pertenecientes a las clases ricas) son las castas privilegiadas y visten de azul verdoso; el resto se divide en criadas o vientres humanos, cuya función es únicamente tener los hijos de los comandantes y gobernantes, quienes tienen el derecho a violarlas en un “rito sagrado” llamado “ceremonia”, con el consentimiento de las esposas.


Las criadas, vestidas de rojo, no tienen derechos.


Pierden su identidad como mujeres, son reducidas a su “capacidad reproductiva” y pueden ser desechadas cuando dejan de cumplir con esa función biológica.


También están las Martas, siempre vestidas de verde, que realizan el trabajo doméstico.


Ellas tampoco tienen libertad alguna.

Les siguen las Tías, vestidas de marrón, que se encargan de entrenar, controlar y castigar a las Criadas y Martas. Por esta razón, son el soporte que permite al sistema social y religioso sobrevivir. No muestran empatía hacia las mujeres, a quienes constantemente deshumanizan.


En el último eslabón se encuentran las Jezabels, o prostitutas, con vestimentas sexualizadas destinadas a entretener a los comandantes, y las no mujeres (trans, lesbianas, mujeres disidentes y monjas) confinadas y desterradas (por el delito de género) a las colonias contaminadas para trabajar y morir.


La nueva República de Gilead es una sociedad nazi-evangélica-sionista, deshumanizante. Todas las acciones aberrantes están justificadas en pasajes de la Biblia, interpretados literalmente.


La clase gobernante está fanatizada y todos sus discursos son religiosos. “Dios y Patria” son los emblemas principales que se unen con la idea de familia, moral y orden, aunque en la práctica los gobernantes esconden una gran hipocresía.


¿No les parece familiar esa narrativa?


La serie El Cuento de la Criada parece más un “Deja Vu” al presentar situaciones que la humanidad ya vivió en los regímenes fascistas de Italia (Benito Musolini) y nazistas de Alemania (Adolfo Hitler), o en las dictaduras de Videla en Argentina y Pinochet en Chile, con la entrega de los hijos de los opositores a las familias de los gobernantes (Imagen creada con inteligencia artificial de Gemini).
La serie El Cuento de la Criada parece más un “Deja Vu” al presentar situaciones que la humanidad ya vivió en los regímenes fascistas de Italia (Benito Musolini) y nazistas de Alemania (Adolfo Hitler), o en las dictaduras de Videla en Argentina y Pinochet en Chile, con la entrega de los hijos de los opositores a las familias de los gobernantes (Imagen creada con inteligencia artificial de Gemini).

Asimismo, el nuevo estado practica la biopolítica; es decir, decide sobre el cuerpo de los seres humanos.


Y también la necropolítica, determinando quién tiene derecho a vivir y quién no.


Además, las calles están plagadas de personas ahorcadas que sirven como ejemplo de lo que puede pasar a quienes violen los preceptos religiosos instaurados, ya que las libertades están restringidas para las clases no gobernantes y la mayoría está sometida a estrictas normas de control social.


Los seres que viven fuera de las clases privilegiadas han dejado de ser humanos para convertirse en entidades invisibilizadas.


De esta forma, las mujeres han sido degradadas, tienen prohibido y penado leer, y esto aplica incluso para las mujeres e hijas de los comandantes, por lo que la sumisión al poder patriarcal es la normalización establecida por las santas escrituras.


Esto último, claro está, según la interpretación hecha por los gobernantes.


Y eso, determinan las reglas, las esposas de los comandantes aceptan y reproducen sin protestar.

Es por eso que la serie, que se presenta como una ficción o una distopía, muestra patrones muy cercanos a la realidad que hoy viven millones de personas en el mundo, aunque, en ocasiones, parece más un “Deja Vu” al presentar situaciones que la humanidad ya vivió en los regímenes fascistas de Italia y nazistas de Alemania, o en las dictaduras de Videla en Argentina y Pinochet en Chile, con la entrega de los hijos de los opositores a las familias de los gobernantes.


Sin embargo, El cuento de la criada resulta sumamente actual cuando incorpora el ingrediente supremacista, patriarcal y religioso, síntomas que ya se están observando en los nuevos gobernantes de países como Colombia, Chile, El Salvador, Honduras, Ecuador y Bolivia.


Los nuevos dictadores (Milei, De la Espriella, Kast, Bukele y Novoa) se arropan en el manto del sionismo judío y en las iglesias evangélicas sionistas estadounidenses y latinoamericanas, que ven a los judíos robar la tierra de Palestina como el medio para que se cumplan las profecías apocalípticas de sus biblias manipuladas.


Incluso algunos de ellos, antes que jurar a las banderas de sus países, se arrodillan a los pies de los gobiernos de Israel y Estados Unidos.



Contra el fascismo puro y la instauración de un régimen teocrático-militar en países de América Latina, hacemos un llamado urgente a la movilización y a la resistencia popular (Imagen creada con inteligencia artificial de Gemini).
Contra el fascismo puro y la instauración de un régimen teocrático-militar en países de América Latina, hacemos un llamado urgente a la movilización y a la resistencia popular (Imagen creada con inteligencia artificial de Gemini).

Esos gobiernos de la derecha comienzan a restringir los derechos que la humanidad ya había ganado. Su accionar es dar prioridad a los ricos. Ven a los pobres como población desechable. Son enemigos acérrimos de los migrantes. Pretenden restringir los derechos de las mujeres y de los grupos de la comunidad LGBT, justificándose en relatos bíblicos o morales.


Por si fuera poco, intentan arrebatar la tierra a los grupos originarios para favorecer los desarrollos inmobiliarios de extranjeros multimillonarios.


Así, la serie, disfrazada de ficción, es un recordatorio de lo que sucede cuando un grupo de la derecha fascista toma el poder e instaura un régimen teocrático-militar, engañando y mintiendo a la población con una narrativa religiosa sobre la familia, el orden y la protección.


Pero al mismo tiempo es una clara advertencia a los apáticos, a los que se dicen “apolíticos” y a los que no les gusta informarse de lo que puede suceder en el futuro inmediato si la derecha llega a gobernar en nuestros países.

Si los pueblos latinoamericanos no se dan cuenta de lo anterior, podrían terminar como en El cuento de la criada.


Vale la pena recordar las célebres palabras del pastor protestante alemán Martin Niemöller:


"Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre".

Les recomiendo que vean la serie no con una visión romántica ya que no es una historia de amor. Tampoco es una guerra entre hombres y mujeres.


Es una horrorosa advertencia de un sistema sionista-militar que lleva al fascismo puro, pero es, al mismo tiempo, un llamado urgente a la movilización y a la resistencia.



*José Moreno Mena es doctor en Ciencias Sociales. Fue investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UABC y del Colef, Mexicali. Maestro en Desarrollo Rural y licenciado en Sociología. Es especialista en el estudio de los movimientos migratorios transfronterizos y fundador y presidente de la Coalición Pro-Defensa del Migrante.



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