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El Agua en México, o cómo Resistir al Capitalismo Voraz

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4 Vientos
hace 19 horas
5 min de lectura

El motor del capitalismo es el crecimiento económico continúo medido por el producto interno bruto. Los capitalistas asumen erróneamente que los recursos naturales son inagotables, pero la contradicción entre el crecimiento infinito y un planeta finito no se contempla en la codicia y ambición por la ganancia y la acumulación de la riqueza.

 


Eduardo Hernández* | Edición: 4 Vientos


 

Imagen creada con inteligencia artificial de Gemini
Imagen creada con inteligencia artificial de Gemini

Escucha el podcast con el resumen del artículo:




Y bueno, algunos de sus ideólogos y humanistas gobernantes, desde su perspectiva positiva, dicen que el sistema debe mejorar para desvincular el bienestar humano del consumo material desenfrenado, transitando de una economía lineal de extraer, usar y desechar hasta lograr una economía circular y de decrecimiento planificado en los sectores de alto impacto ecológico.


Pero ocurre que las propias contradicciones internas del sistema chocan con las “buenas intenciones” que, por medio de evolución natural o reformas legales, proponen “humanizar” al capitalismo.


En el capitalismo clásico la contaminación, la escasez de agua y la degradación del suelo a menudo se tratan como “externalidades”; es decir, costos que las corporaciones no pagan y que la sociedad o los ciudadanos en general terminan absorbiendo.


La propuesta de una reforma fiscal reparativa exige que el sistema de precios y tarifas de servicios refleje el costo ecológico real de producción, obligando a las industrias a pagar por el ciclo de vida de sus productos y recursos.


En eso estamos de acuerdo, pero si ni siquiera se tiene voluntad para incrementar el impuesto fiscal a la ganancia personal de los superricos mexicanos, con lo cual hacer redistributiva la riqueza que se genera en el país, mucho menos se tomará en cuenta por algún senador o diputado esta propuesta legislativa de avanzada.


Cuando bienes vitales e insustituibles como el agua potable, la salud, la educación o la vivienda se gestionan bajo la lógica de la mercantilización y de la oferta y la demanda, el acceso a la supervivencia se convierte en un privilegio financiero que mercadea sin pudor los derechos sociales, colectivos y humanos fundamentales.


La crítica constructiva señala que los mercados son eficientes para asignar bienes de consumo no esenciales, como lo son la tecnología o el entretenimiento, pero fallan en garantizar la equidad en los bienes comunes.


Un nuevo modelo debe integrar un marco de gobernanza donde ciertos recursos estratégicos sean protegidos como derechos humanos inalienables, fuera del alcance de la especulación financiera; pero parece que poco hay que esperar, por mencionar un ejemplo, cuando el agua ya la cotizan... ¡en la bolsa de valores!



Imagen creada con inteligencia artificial de Bing.
Imagen creada con inteligencia artificial de Bing.

CORTOPLACISMO CONTRA PLANEACIÓN


Los mercados financieros operan bajo la presión de mostrar ganancias en el próximo trimestre.


Este diseño incentiva la explotación acelerada de recursos y frena las inversiones a largo plazo necesarias para mitigar crisis globales, como lo es el cambio climático.


Toca al socialismo regenerativo cambiar los paradigmas e incentivos, como premiar el valor social y la resiliencia a largo plazo por encima de la liquidez inmediata, y eso no se logra nunca en el capitalismo.


Es hora de pensar conscientemente en un nuevo sistema de desarrollo que incentive la planeación social de la innovación tecnológica, o la eficiencia operativa.


Y que además respete a la naturaleza y en donde el mercado funcione como un mecanismo subordinado a los límites biofísicos del planeta y a la dignidad humana, y no al revés.


El progreso del futuro dependerá de transitar hacia sistemas de desarrollo diferentes al capitalismo, en donde el dinamismo económico esté estrictamente regulado por un fuerte compromiso social y ecológico.



Imagen creada con inteligencia artificial de ChatGPT.
Imagen creada con inteligencia artificial de ChatGPT.

VALOR DE CAMBIO VS VALOR DE EXISTENCIA


El sistema capitalista tiende a valorar la naturaleza solo cuando ésta es extraída y convertida en mercancía.


Para el poderoso, un río fluyendo libremente o un acuífero subterráneo en equilibrio tienen un valor económico de "cero" para el mercado, pero esto cambia cuando el agua adquiere precio mediante su embotellamiento, se privatiza o se usa para enfriar reactores y regar monocultivos industriales.


Y mientras el agua reciba ese maltrato de mercancía, seguiremos insistiendo en que el modelo debe transitar hacia el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza y la valoración económica de los servicios ecosistémicos en su estado natural.


El agua debe ser gestionada como un recurso natural común y un soporte de vida, no como un insumo de producción.



Grupo de personas observa un proyecto de restauración ambiental en el río, donde se implementan islas flotantes con vegetación para mejorar la ecología urbana. Al fondo, un moderno edificio junto al agua alberga una reunión sobre la iniciativa (Imagen creada con inteligencia artificial de Bing).
Grupo de personas observa un proyecto de restauración ambiental en el río, donde se implementan islas flotantes con vegetación para mejorar la ecología urbana. Al fondo, un moderno edificio junto al agua alberga una reunión sobre la iniciativa (Imagen creada con inteligencia artificial de Bing).

HUELLA HÍDRICA E HIPERCONSUMO


Bajo la lógica del mercado, quien tiene más poder adquisitivo tiene derecho a consumir más recursos. Esto genera una distribución radicalmente irracional del agua.


Mientras comunidades enteras sufren estrés hídrico crónico, las industrias de la moda rápida, la ganadería intensiva y las bebidas azucaradas consumen miles de millones de litros diarios para producir bienes desechables o suntuarios.


El mercado asigna el agua al postor más rentable, no a la necesidad más urgente.


Por eso, insisto, la nueva reforma es necesaria para establecer presupuestos hídricos nacionales y globales estrictos.


El mercado no puede decidir el destino del agua. Corresponde al Estado y a las comunidades garantizar un orden de prioridad inalterable: primero el consumo humano y el mantenimiento de los ecosistemas, y solo el excedente para la actividad comercial regulada.



Imagen creada con inteligencia artificial de Bing.
Imagen creada con inteligencia artificial de Bing.

TRAGEDIA, PRIVATIZAR BIENES COMUNES


Cuando las corporaciones y empresas compiten entre sí, el diseño del sistema las obliga a maximizar la extracción de recursos antes de que lo haga la competencia.


Si una empresa decide autorregularse y extraer menos agua de un acuífero por ética ambiental, otra compañía competidora simplemente ocupará su lugar y ganará esa cuota de mercado.


La racionalidad individual de la ganancia empresarial produce una irracionalidad colectiva que agota los recursos de todos.


De ahí la necesidad de pasar de la autorregulación corporativa que, en los hechos, ha demostrado hasta la saciedad ser ineficaz, a una gobernanza comunitaria y democrática de las cuencas hidrográficas.


La gestión del agua debe estar blindada contra la especulación y los monopolios privados, ya que la eficiencia tecnológica sin límites al crecimiento solo acelera el colapso.


Y, en todo caso, la tecnología debe usarse para la regeneración, no para la intensificación de la extracción.


El capitalismo contemporáneo defiende que la tecnología y la "eficiencia" salvarán los recursos.


Eso podría ser cierto, por ejemplo, en la implementación de sistemas de riego más precisos o reciclaje de agua, pero la historia económica de la humanidad demuestra la paradoja de Jevons:


“A medida que la tecnología hace que el uso de un recurso sea más eficiente, su costo baja, lo que provoca que la demanda aumente y se termine explotando aún más.”

En economista inglés William Stanley Jevon

lo postulo en 1865.



El objetivo no debe ser "extraer de forma más eficiente", sino establecer un límite absoluto a la explotación que respete los ciclos de recarga natural del agua del planeta.


 

Imagen creada con inteligencia artificial de Bing
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* Eduardo Hernández es columnista, analista político y autor de la columna Poder Político. Participa en diversos movimientos sociales del Partido Comunista Mexicano.



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