El pasado 28 de febrero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer una lista de avances médicos revolucionarios que están cambiando la forma en que se trata el dolor crónico en todo tipo de pacientes. Desde terapias innovadoras hasta tecnologías de vanguardia que incluyen estimulación eléctrica, masaje terapéutico, acupuntura, medicamentos específicos, tratamiento no farmacológico, abordaje multidisciplinario, estimulación cerebral profunda, neurofeedback (entrenar a los pacientes para controlar su respuesta al dolor, disminuyendo así la percepción de este), procedimientos basados en la Realidad Virtual, así como curas con ejercicio específico, ocupacional y conocimiento conductual. Estos descubrimientos brindan nuevas esperanzas a quienes sufren de dolor persistente. En octubre de 2022, 4 Vientos publicó, en fechas diferentes cuatro trabajos periodísticos donde dio a conocer el estado que guarda México en la vanguardia científica que busca enfrentar, con propuestas 100 por ciento nativas, la pandemia mundial del DOLOR CRÓNICO. A partir de hoy, lunes 31 de marzo de 2025 y por una petición específica, republicamos aquella investigación serial.

México padece una epidemia grave, pero amordazada, que se expresa en rostros y cuerpos contraídos por un sufrimiento incesante. Casi la cuarta parte de su población, entre 27 y 32 millones de mujeres y hombres de diversas edades, padece dolor crónico.
Javier Cruz / Edición: 4 Vientos
Ensenada, B.C., México, martes 11 de octubre 2022.- Constante e intenso, ese dolor condena a la gente a una vida miserable y empuja a muchas personas al suicidio.
El dolor crónico afecta no solo a quien lo padece; también daña la salud mental de sus seres queridos.
Es, de hecho, una pandemia que atrapa a gran parte de la humanidad.
Existen, sin embargo, avances científicos que, si son impulsados por gobiernos humanistas, pueden aliviar de raíz el sufrimiento de millones de personas.
En México es posible desarrollar, a mediano plazo, una industria vigorosa e independiente que enfrente la pandemia de dolor crónico que sufre entre el 20 y 25 por ciento de su población.
Bastaría para ello el apoyo del gobierno federal -normativo, administrativo y presupuestal-; el acompañamiento protocolario de la industria farmacéutica y el soporte de la academia que ya se organiza en grupos de trabajo multidisciplinario para desarrollar conocimiento acorde al perfil nacional.
A esa causa deben unirse multimillonarios altruistas, como el poderoso empresario Carlos Slim Helú.
Es una misión que ha de realizar todo el sector salud a través de la infraestructura regional del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), hospitales militares y navales, institutos de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores de los gobiernos y los sanatorios privados.
Sólo así, México tendrá algo que requiere urgentemente: un diagnóstico de aplicación única y nacional que permita al Estado generar políticas públicas vanguardistas que mejoren sustancialmente la calidad de vida de las personas que sufren dolor crónico, víctimas hoy de malos diagnósticos y consumidoras de medicamentos inadecuados que causan adicción, incapacidad, pérdida de productividad y altas tasas de depresión y suicidio.

En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió el dolor crónico en dos entidades: Primario, al dolor “caracterizado por una alteración funcional o estrés emocional no explicable por otra causa, sino como una enfermedad en sí misma”. Secundario, “al que representa un síntoma de una condición clínica oculta”.
La institución afirma que su origen es multifactorial -por una lesión en los nervios, por enfermedades crónico-degenerativas, Parkinson, esclerosis múltiple, por virus o debido a cáncer y los medicamentos para su control- pero, en cualquier caso, sus características lo dividen en seis tipos: por cáncer; postquirúrgico o postraumático; neuropático; orofacial y cefalea; visceral; y musculoesquelético.
Por ello, la corporación global que establece las normas de política de salud determinó en 2019 que el dolor crónico primario ha sido, durante años, mal comprendido y mal tratado, por lo que "se debe revertir esta tendencia y mejorar la vida de los pacientes que llegan a ser el 25 de la población mundial".
En México, empero, resulta casi imposible aplicar los criterios de la OMS porque impera una caótica desarticulación en los servicios médicos.
“Existe una anarquía casi total para crear una política pública integral desde el gobierno. Esto nos limita mucho a quienes hacemos nuevas investigaciones mexicanas para enfrentar el problema”, dijo Nadia Lizeth Caram Salas, doctora en Farmacología y Terapéutica Experimental por el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional.
“El tratamiento del dolor habitual no se hace de manera adecuada y oportuna en pacientes porque no existe una legislación y un protocolo específico que ordene la atención institucional y privada a los enfermos”.
(Nadia Lizeth Caram).
Y si bien en 2021 se avanzó con la publicación de una guía para la atención pediátrica de la pandemia en México, “eso todavía no es suficiente”, agregó.
La investigadora de mecanismos bloqueadores del dolor que no generen adicción tocó así un nervio sensible que obstruye la posibilidad de alcanzar el anhelado diagnóstico único de la enfermedad: la falta de presupuesto para desarrollar conocimiento nacional.

Adscrita al Departamento de Innovación Biomédica del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), el más grande de los 27 centros que conforman el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia, Tecnología (Conahcyt), por matrícula de estudiantes, número de posgrados, personal académico y proyectos vigentes, Caram Salas conoce muy bien de lo que habla.
Explicó así la importancia de la investigación que lidera en la prestigiada institución:
“Nosotros hemos tratado de buscar nuevos enfoques, otras herramientas que no generen adicción e intervengan específicamente sobre blancos moleculares que son los que actúan para la transmisión del dolor, como los canales de sodio y calcio que están específicamente en la médula espinal o en fibras especializadas que actúan como receptores del dolor (nociceptores), lo que permite bloquear de una manera muy efectiva el estímulo doloroso”.
El problema, enfatizó, es que “no tenemos presupuesto para avanzar en nuestra investigación”.
Dijo que los apoyos presupuestales están recortados y se padecen serias limitaciones para investigar nuevas moléculas que, en su caso, se pueden identificar en caracoles y alacranes endémicos de Baja California, así como en ratas, ratones e incluso cannabis.
“Ya identificamos dos moléculas que se van a publicar y una más que se va a patentar porque su blanco molecular es específico en temas de dolor crónico tipo inflamatorio y neuropático generados por cáncer, lesión en los nervios, enfermedades crónico-degenerativas, Parkinson, esclerosis múltiple, diabetes o virus”,
Pero luego viene el “pero”. Un pero vergonzante por la minucia requerida para tan valiosa investigación.
“No tenemos 100 mil pesos para sintetizar nuestra conotoxina y seguir el estudio. ¿De dónde vamos a sacar ese dinero si no tenemos presupuesto para comprar reactivos ni alimento para los animales que usamos en el laboratorio?”.

La investigación científica pareciera ser un trabajo para Sísifo, personaje mitológico condenado eternamente a empujar cuesta arriba una enorme roca que antes de llegar a la cumbre rueda cuesta abajo.
María Guadalupe Ortega Pierres, investigadora del Departamento de Genética y Biología Molecular del Cinvestav-Instituto Politécnico Nacional (IPN) y ganadora de la Medalla al Mérito en Ciencias por la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, dijo en febrero del presente año:
“Un gobierno que no apoya el desarrollo de la ciencia y la tecnología genera un país marginado del concierto mundial, estado en el que lamentablemente se encuentra México” (www.universia.net/mx/actualidad/orientacion-academica/mexico-pais-que-apoya-ciencia-908909.html).
Antes, la especialista en parasitología resaltó que la generación de conocimientos es un pilar en el desarrollo de una sociedad porque técnica y ciencia pueden encontrar soluciones a los problemas cotidianos y determinantes para mejorar la calidad de vida.
“Es indispensable que las autoridades locales y federales sean sensibles a la importancia del desarrollo de la ciencia y la tecnología para un país con futuro”, insistió Ortega Pierres tras denunciar que el número de investigadores que generan conocimiento es muy bajo en comparación con los requerimientos del país.
Más no sólo la ciencia y la tecnología salen raspadas por la austeridad presupuestal.
El sector Salud, pilar en la disposición de normas, protocolos y guías para atender la epidemia del dolor en México, incrementará en 2023 su presupuesto en un 4.2% en términos reales -con 893 mil millones de pesos contra 857 mil de este año-.

Pero esa cantidad es “insuficiente”, afirmó Judith Senyacen Méndez, directora adjunta de Investigación y Especialista en Finanzas Públicas y Salud del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP).
“No se puede tener un avance en la cobertura universal de la población en temas de salud sin destinar mayores recursos. Los aumentos han estado al margen en este año y no alcanzan para atender la población sin seguridad social”.
(Judith Senyacen)
Agregó: “el año pasado sí se registró un incremento importante; sin embargo, los recursos ejecutados actualmente son de alrededor de 70% de lo programado” (www.eleconomista.com.mx/politica/Insuficientes-recursos-en-sector-salud-para-el-2023-expertos-20220914-0009.html)
Si se espera que instituciones como el IMSS; el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado o el Instituto de Salud para el Bienestar, operen sin escasez de medicamentos y con servicios de calidad, el gobierno federal tiene que velar por el incremento sustancial en el presupuesto para la salud de los mexicanos, concluyó.
Más lacerante es la carencia de recursos para enfermos que soportan dolor permanente.
“No hay un presupuesto específico para tratar el dolor crónico en el país. Tampoco los médicos están preparados. Creen que basta combatir síntomas cuando todo está relacionado con la enfermedad”, dijo la doctora Teresa Nava Obregón, coordinadora del programa de Cuidados Paliativos y jefa de la Clínica del Dolor del Hospital Universitario de Nuevo León.
La anestesiología habló fuerte en el foro “El dolor crónico y los cuidados paliativos: realidad y retos legislativos en el México actual”, que en 2022 realizó el Senado de la República.
Sin embargo, su voz no fue escuchada por los senadores.

Prometieron, eso sí, a través de la legisladora Antares Vázquez Alatorre, generar una ley federal en la materia y crear un sistema nacional de cuidados paliativos.
Asimismo, fortalecer la educación médica desde los estudios de especialidad y apoyar la investigación científica para atender el dolor crónico, “considerado –reconocieron- como un problema de salud pública” (www.capitalmexico.com.mx/nacional/plantea-senadora-impulsar-politicas-de-salud-para-que-quienes-padecen-dolor-cronico/).
Las promesas siguen incumplidas, según una consulta hecha por 4 Vientos el pasado 10 de octubre.
De acuerdo con las estadísticas del Instituto Farmacéutico México (Inefam) correspondientes al primer semestre del 2022, el Senado tampoco recomendó a la cámara de Diputados crear un presupuesto específico para la atención al dolor crónico y los cuidados paliativos en México.
Sin embargo, el sector público aún invierte miles de millones de pesos en la compra de medicamentos que provocan efectos secundarios -de moderados a graves- en la salud de los pacientes que los consumen, pero igual esos recursos van a la baja desde 2017.
Tanto como 43.52 por ciento menos en monto del erario; es decir, de 5,871 millones de pesos a 3,837 en el periodo 2016 a 2021 para la compra de fármacos que se usan en tratamiento paliativo y dolor.
Eso, según cifras del Inefam a junio de este año.
CAPITULO II EL MIÉRCOLES 2 DE ABRIL DE 2025.
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