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¿Cuál es la última línea de defensa en un mundo de dificultades? La sociedad civil

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En un mundo de crisis superpuestas, desde conflictos brutales y regresión democrática hasta colapso climático y niveles astronómicos de desigualdad económica, una fuerza vital se erige como escudo y solución: la sociedad civil.

 

Inés M. Pousadela y Andrew Firmin* / Edición 4 Vientos

 

 

La sociedad civil representa la mejor esperanza de la humanidad para navegar por las traicioneras aguas que se avecinan (Imagen: Refugee Start Force).
La sociedad civil representa la mejor esperanza de la humanidad para navegar por las traicioneras aguas que se avecinan (Imagen: Refugee Start Force).
 

Esta es la recomendación aleccionadora, pero en última instancia esperanzadora, del 14º Informe anual sobre el estado de la sociedad civil de Civicus, que ofrece una amplia perspectiva de la sociedad civil sobre el estado del mundo a principios de 2025.


El informe pinta un retrato inquebrantable de la realidad actual. Una en la que se está masacrando a civiles en Gaza, Sudán, Ucrania y otros lugares, con unos perpetradores cada vez más seguros de que no tendrán consecuencias.


Con la administración Trump desmantelando alianzas internacionales de larga data y aparentemente decidida a recompensar los actos de agresión, parece estar en marcha un reajuste global.


Cualquier apariencia de un orden internacional basado en normas se está desmoronando a medida que se normalizan la diplomacia transaccional y el peligroso principio de que el poder justifica el derecho.


El cambio climático continúa acelerándose. El 2024 fue el año más caluroso registrado, pero las empresas de combustibles fósiles siguen obteniendo beneficios récord, incluso cuando reducen sus planes de energía renovable en favor de una mayor extracción.


Las economías del mundo están alcanzando nuevos niveles de disfunción, marcados por una creciente desigualdad y una precariedad cada vez mayor, mientras que los multimillonarios acumulan una riqueza sin precedentes.


Los magnates de la tecnología y los medios de comunicación ya no se contentan con influir en la política; cada vez más quieren controlarla, lo que aumenta el riesgo de que los oligarcas se apoderen del Estado.


La democracia está asediada. Con el auge del populismo de derechas, el nacionalismo y el gobierno autocrático, la disidencia democrática está siendo aplastada.


Estas crisis combinadas crean una tormenta perfecta que amenaza los cimientos de los derechos humanos y las libertades democráticas.


 

Trump ha puesto en marcha el peligroso principio de que el poder justifica el derecho (Imagen: Agencia EFE).

 

Pero en este momento precario, precisamente cuando más se necesita a la sociedad civil, esta se enfrenta a una crisis de financiación cada vez más grave.


Las principales agencias donantes han recortado su apoyo y han alineado la financiación con intereses nacionales estrechos, mientras que muchos estados han aprobado leyes para restringir la financiación internacional de la sociedad civil.


La congelación maliciosa e imprudente de la financiación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), ha supuesto un golpe especialmente duro que pone en peligro la existencia de muchos grupos auténticos e independientes de la sociedad civil.


En momentos como estos, vale la pena pensar en cómo sería el mundo sin la sociedad civil.


Las violaciones de los derechos humanos proliferarían sin control. La democracia se erosionaría aún más rápido, dejando a las personas huérfanas para dar forma a las decisiones que afectan sus vidas.


El cambio climático se aceleraría más allá de cualquier punto de inflexión. Las mujeres perderían su autonomía corporal. Las personas Lgbtiq+ se verían obligadas a volver al armario. Las minorías excluidas se enfrentarían habitualmente a la violencia sin ningún recurso.


Comunidades enteras vivirían con miedo.


Sin embargo, como han demostrado los acontecimientos de 2024 y principios de 2025, incluso bajo una presión extraordinaria, la sociedad civil sigue demostrando su inmenso valor.


En las zonas de conflicto, los grupos de base están cubriendo importantes lagunas en la respuesta humanitaria, documentando violaciones y defendiendo la protección de la población civil.


 

El genocidio impune en Palestina, imagen cruel de un mundo en crisis superpuestas, desde conflictos brutales y regresión democrática hasta colapso climático y niveles astronómicos de desigualdad económica (Foto: Amnistía Internacional).
El genocidio impune en Palestina, imagen cruel de un mundo en crisis superpuestas, desde conflictos brutales y regresión democrática hasta colapso climático y niveles astronómicos de desigualdad económica (Foto: Amnistía Internacional).
 

En numerosos países, la sociedad civil se ha movilizado con éxito para evitar el retroceso democrático, garantizar elecciones justas y desafiar la toma de poder autoritario. Y a través de litigios estratégicos, la sociedad civil ha establecido precedentes legales innovadores que obligan a los gobiernos a tomar medidas climáticas más ambiciosas.


Las luchas por la igualdad de género y los derechos Lgbtiq+ siguen ganándose a través de una defensa persistente, a pesar de la intensificación de la reacción violenta.


En diversos contextos, la sociedad civil ha empleado una amplia gama de tácticas creativas en constante evolución, desde la movilización masiva hasta la acción legal, y ha demostrado que puede y seguirá resistiendo incluso cuando se intensifiquen las restricciones del espacio cívico y se recorten los fondos.


El mensaje es claro: la sociedad civil representa una fuente vital de resistencia, resiliencia y esperanza. Sin ella, muchas más personas vivirían mucho peor, pero si la sociedad civil quiere seguir haciendo este trabajo vital puede que tenga que reinventarse.


La crisis de financiación exige innovación, porque incluso antes de la catástrofe de la Usaid y de otros fondos internacionales y locales, el modelo dependiente de donantes había llegado a sus límites.


Durante mucho tiempo ha sido criticado por reproducir los desequilibrios de poder económico y político, al tiempo que limita la capacidad de la sociedad civil para enfrentarse al poder arraigado.


Se necesitan urgentemente modelos de recursos más diversos y sostenibles, desde enfoques de financiación basados en la comunidad hasta actividades empresariales éticas que generen ingresos sin restricciones.


Para prosperar en este contexto cambiante y volátil, la sociedad civil tendrá que adoptar una mentalidad de movimiento caracterizada por un liderazgo distribuido, una ágil toma de decisiones y la capacidad de movilizar rápidamente a amplios grupos de electores.


Algunas de las acciones más exitosas de la sociedad civil en los últimos años han mostrado estas cualidades, desde movimientos climáticos liderados por jóvenes hasta campañas feministas organizadas horizontalmente que conectan a personas a través de barreras de clase, raza y geográficas.


 

Para prosperar en este contexto cambiante y volátil, la sociedad civil tendrá que adoptar una mentalidad de movimiento caracterizada por un liderazgo distribuido
Para prosperar en este contexto cambiante y volátil, la sociedad civil tendrá que adoptar una mentalidad de movimiento caracterizada por un liderazgo distribuido
 

La sociedad civil debe priorizar las conexiones comunitarias auténticas, particularmente con aquellos más excluidos del poder.


Esto significa ir más allá de las consultas tradicionales para desarrollar relaciones genuinas con las comunidades, incluidas aquellas fuera de los centros urbanos o desfavorecidas por la brecha digital.


La fuerza de las relaciones que la sociedad civil puede fomentar debe ser una medida clave del éxito.


Igualmente, es crucial el desarrollo de historias convincentes y de infraestructura para ayudar a compartirlas, que hablen de las legítimas ansiedades de las personas al tiempo que ofrezcan alternativas inclusivas y basadas en los derechos frente a los atractivos, pero peligrosos llamamientos del populismo y el autoritarismo, tan extendidos.


Estos relatos deben conectar los valores universales con los contextos y preocupaciones locales.


En esta actual cascada de crisis mundiales, la sociedad civil ya no puede esperar volver a la normalidad.


Una sociedad civil más orientada al movimiento, impulsada por la comunidad y financieramente independiente, estará mejor equipada para resistir las amenazas y realizar con mayor eficacia su misión colectiva de construir un mundo más justo, igualitario, democrático y sostenible.


El Informe sobre el estado de la sociedad civil en 2025 ofrece tanto una advertencia como un llamamiento a la acción para todos los que se preocupan por la forma del mundo actual, porque la sociedad civil representa la mejor esperanza de la humanidad para navegar por las traicioneras aguas que se avecinan.


En estos tiempos oscuros, la sociedad civil sigue siendo un faro de luz. Debe seguir brillando (Agencia IPS).



 

* Inés M. Pousadela es investigadora principal y Andrew Firmin es editor jefe de Civicus, la alianza mundial para la participación ciudadana. Son, además, codirectores y redactores de Civicus Lens y coautores del Informe sobre el estado de la sociedad civil.

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