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Arqueología en el México neoliberal: el adiós a lo fabuloso*

  • Foto del escritor: Javier Cruz
    Javier Cruz
  • hace 2 horas
  • 10 Min. de lectura

En México, por años, se ha hecho de menos y puesto trabas a los líderes que brillan en ciencias y humanidades. Se enfrentaron al "sistema de las cucarachas", mientras que la arqueología se volvió algo masivo y burocrático, sirviendo a los intereses de quienes financian los proyectos de rescate del patrimonio histórico y cultural que se encuentra en sus terrenos.


Javier Cruz / 4 Vientos



Exhibición de artefactos mesoamericanos en el Museo Nacional de Antropología e Historia, mostrando esculturas y relieves teotihuacanos que destacan la rica herencia cultural de las antiguas civilizaciones de México (Imagen: México Desconocido).
Exhibición de artefactos mesoamericanos en el Museo Nacional de Antropología e Historia, mostrando esculturas y relieves teotihuacanos que destacan la rica herencia cultural de las antiguas civilizaciones de México (Imagen: México Desconocido).

Esta crítica proviene de la doctora Linda Rosa Manzanilla Naím, miembro del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como del Sistema Nacional de Investigadores y del Colegio Nacional.


Ella no duda en señalar a los últimos gobiernos neoliberales del PRI y PAN como responsables de marginar el humanismo y las raíces históricas del país.


"Eso no les interesaba en lo más mínimo. No comprendían que el valor del pasado no es solo anecdótico, sino que es un proceso esencial para entender el presente. Simplemente no percibían que somos el resultado de ese pasado y que este nos ayuda a comprender hacia dónde se dirige una sociedad determinada".


- ¿Y hacia dónde cree que íbamos?


"Me duele reconocer que soy muy pesimista, pero siento que estábamos al borde de un colapso, ya que nuestra sociedad era empujada hacia un punto en el que parecía no haber soluciones".


Actualmente, Manzanilla, quien ha dedicado más de 45 años de su vida profesional al estudio de Teotihuacán, uno de los sitios arqueológicos más excepcionales del mundo, recomienda a los académicos mexicanos dialogar directamente con los candidatos a cargos de elección popular, incluida la Presidencia de la República, sobre los problemas que enfrentan la ciencia y las humanidades.


Esto se debe a que, aparentemente, ha quedado atrás la posición del gobierno de ser indiferente a la creación de una sociedad crítica y pensante, un método que durante décadas dividió y perjudicó la vida armoniosa de la sociedad en general, y en particular a la comunidad académica.


En la academia, afirmó la especialista, importaba más la política egoísta de los grupos que la creatividad y el trabajo conjunto.


"Lo que observé entonces era un cangrejismo exacerbado; es decir, alguien sobresalía y de inmediato lo arrastraban al fondo de la cubeta. Pero en realidad era más como un sistema que yo llamaba cucaracha. Los cangrejos todavía tienen respeto entre ellos".


La investigadora se refería al "efecto cucaracha", un fenómeno en sociología y ciencias políticas donde individuos o grupos se desplazan o actúan siguiendo a otros ante cambios repentinos en su entorno, ya sea por medidas de seguridad o presión social.



La doctora Manzanilla (Imagen: UNAM).
La doctora Manzanilla (Imagen: UNAM).

ARQUEOLOGÍA DE SALVAMENTO


Se solicitó a la especialista su diagnóstico sobre el estado de la arqueología en México. Su respuesta se centró en lo que denominó "el florecimiento de diversas arqueologías de socorro".


Explicó su concepto de la siguiente manera:


"El avance de la obra pública y privada en las áreas urbanas, en la construcción de gasoductos, presas, carreteras, líneas ferroviarias y tendido de líneas eléctricas, así como el rápido y descontrolado desarrollo turístico e inmobiliario, resultó en lo que yo identifico como la arqueología de salvamento".


Esta categoría, afirmó, es la actividad más común en la arqueología mexicana actual. Se utiliza para mitigar de manera urgente la enorme e inesperada perturbación que las obras crean en los sitios arqueológicos existentes o recién descubiertos.


- ¿Cuántos datos arqueológicos y antropológicos se pierden si no existiera salvamento arqueológico?


"Muchísimos. Pero dado el avance imparable de las máquinas, hay que salvar lo que sea posible".


Por otro lado, dijo, está la "arqueología cotidiana", que muchos arqueólogos mexicanos continúan practicando.


"Desafortunadamente, la realizan como individuos, solos, no como equipos interdisciplinarios. Por lo tanto, hacen secuencias estratigráficas con pozos de sondeo, obtienen algo de cerámica y su investigación se detiene ahí".


A continuación, destacó la realización de proyectos más ambiciosos, de largo aliento y carácter grupal que abordan un problema específico durante mucho tiempo, tratando de llegar a una conclusión sobre el uso del espacio, el patrón de asentamiento y la jerarquía entre sitios arqueológicos de gran importancia.


"Yo me formé en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de los años 70, en el Departamento de Prehistoria que dirigió José Luis Lorenzo Bautista, un refugiado español de muy alto nivel que creó una serie de laboratorios de biólogos, de edafólogos, de geólogos que trabajaban con el arqueólogo para solucionar el problema de una región".


- ¿Eso ya cambió?


"Desgraciadamente, esa cabeza de alto nivel, de alto impacto internacional que era José Luis Lorenzo, o el director del INAH de entonces, Guillermo Bonfil Batalla, quien era una gran personalidad, un gran académico al frente de una institución de excelencia, ya no las tenemos.


- ¿Qué sucedió?


"El INAH, que era una institución enorme, se masificó. Es cierto que había que dar plazas a los jóvenes que egresaban de Antropología, pero también es cierto que necesitamos personas de gran estatura académica al frente de la institución. Ahora bien, un Guillermo Bonfil Batalla no es fácil encontrarlo así nada más".



José Luis Lorenzo Bautista (1921-1996). Investigador emérito del INAH. Lo distinguieron sus contribuciones a la profesionalización de la práctica arqueológica en México. En sus investigaciones, se interesó por el estudio de la prehistoria, la antigüedad del hombre en América, las glaciaciones y sus consecuencias en el poblamiento del continente. Entre sus principales aportaciones al Instituto Nacional de Antropología e Historia, están los laboratorios sobre botánica, zoología, geología y suelos, entre otros, que como jefe del Departamento de Prehistoria organizó y dirigió con el objetivo de aplicar eficientemente tecnologías de alto nivel para la formación de los nuevos arqueólogos en el país.
José Luis Lorenzo Bautista (1921-1996). Investigador emérito del INAH. Lo distinguieron sus contribuciones a la profesionalización de la práctica arqueológica en México. En sus investigaciones, se interesó por el estudio de la prehistoria, la antigüedad del hombre en América, las glaciaciones y sus consecuencias en el poblamiento del continente. Entre sus principales aportaciones al Instituto Nacional de Antropología e Historia, están los laboratorios sobre botánica, zoología, geología y suelos, entre otros, que como jefe del Departamento de Prehistoria organizó y dirigió con el objetivo de aplicar eficientemente tecnologías de alto nivel para la formación de los nuevos arqueólogos en el país.

ADIÓS A LO FABULOSO


Contó que, en aquellos años, se desempeñó como asistente de una gran figura al frente de un instituto donde la investigación "era lo más fabuloso".


Y lo era porque la administración del Instituto ponía la mesa para que la investigación se realizara a un alto nivel. Ahora es al revés.


"Estamos supeditados a los administradores, a los burócratas, a los que no son antropólogos, pero son ellos los que determinan, quienes rigen los proyectos... ¡Qué es eso!"


- ¿Podríamos decir que el INAH está al servicio de los consorcios multinacionales? Por ejemplo, en Baja California, la transnacional gasera estadounidense Sempra Energy pagó al INAH los trabajos de rescate y exploración arqueológica en el paraje Costa Azul, donde impuso su instalación y que algunos arqueólogos consideran un sitio de gran importancia para la historia regional. ¿Existen casos similares en el país?


"Sí. desafortunadamente se trató de una tendencia generalizada en el periodo neoliberal: las empresas que perturbaban sitios arqueológicos por las obras que realizaban en territorio nacional, fueron las que pagaron los trabajos de salvamento arqueológico".


Consideró que lo correcto debe ser planear una obra de investigación y rescate arqueológico previo al desarrollo del proyecto de obra, lo que debe incluir detener la construcción en caso de que esta ya se encuentre en ejecución.


"Se debe hacer primero una exploración con un aliento de rango medio, pero con una buena investigación, y después tomar la decisión de qué se puede y qué no se puede liberar; es decir, restringir zonas con interés arqueológico".


- ¿Conoce usted casos en donde la burocracia del INAH frenó proyectos arqueológicos importantes para el país, en aras de proteger intereses privados?


"Es difícil hacer esa evaluación porque en un territorio como el mexicano, que tiene miles y miles de sitios arqueológicos, es complicado determinar qué es y qué no es prioritario.


"Sin embargo, en el ámbito en el que me muevo, es decir en una institución donde se puede hacer investigación de largo aliento, elegí una ciudad y una organización excepcional: Teotihuacán, que no se encuentra en los sitios mayas, que no se encuentra en el área zapoteca y, por lo tanto, requiere de muchísimos años para entenderse como una excepción, que además no dejó textos escritos.


"Para mí esas excepciones son prioridad porque, una vez que desaparecen, ya no seremos capaces de entender un sistema de organización que es muy rico, que es multiétnico, que es multicorporativo, que es distinto".



En 2018, luego de que un antropólogo boliviano que trabajaba para el INAH descubriera en los parajes Costa Azul y La Jovita, en Ensenada, Baja California, un importante centro astrológico vinculado con los pueblos nativos que ocuparon el norte de la península de Baja California (La Joya y sandieguito, ocho a cinco mil años antes de cristo), así como vestigios de múltiples entierros ceremoniales entrelazados con esos grupos antiguos de nómadas cazadores-recolectores, la transnacional Sempra Energy se vio obligado a patrocinar un proyecto de rescate arqueológico ubicado en el terreno que compró en Costa Azul para desarrollar una estructura de petrolíferos refinados, acción que diversos grupos sociales que se oponían a la imposición del proyecto por parte de los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, exigían se cumpliera para dar protección y rescate a una parte del patrimonio cultural nacional asentado en el sitio. El consorcio estadounidense tuvo que pagar al INAH el programa de rescate de los vestigios históricos y luego elaboró los resultados de la investigación en este video que se subió a Youtube.

UN SISTEMA EJEMPLAR


- Usted ha trabajado la arqueología en diversas partes del mundo. En México, ¿qué hemos hecho bien y qué nos falta por hacer en materia arqueológica?


"Afortunadamente, México ha sido pionero en cosas muy bien hechas. Le puedo mencionar que cuando arqueólogos norteamericanos visitan la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o cuando visitaban el Departamento de Prehistoria del INAH y veían los laboratorios de apoyo a investigación arqueológica, que estaban ahí con el arqueólogo para trabajar de manera interdisciplinaria, reconocían que eso no era fácil tenerlo en las universidades de Estados Unidos.


"Lo que hacen los arqueólogos de aquel país es pagar el envío de muestras a diversos laboratorios, pero no tienen este trabajo interdisciplinario desde el inicio de sus investigaciones.


"Yo iba al campo con los geólogos, con los expertos en vegetación, íbamos observando los cambios en el paisaje, en la alimentación.


"La verdad es que somos muy afortunados de tener estos laboratorios, pero ahora es muy difícil trabajar así. Para empezar, la figura de José Luis Lorenzo ya no está y la cabeza de los laboratorios no existe. Están los laboratorios, pero tienden a aceptar muestras de todos los proyectos del INAH y claro que no se dan abasto".


- Esa pérdida de liderazgo ¿qué provocó? Igualmente, ¿qué es lo que se debe resolver en el campo de la arqueología mexicana?


"Yo trabajo con estructuras corporativas y redes horizontales. No digo que siempre debe de haber una cabeza, pero en la academia es importante la figura que integre. El profesor Lorenzo nos decía a los jóvenes arqueólogos: 'el biólogo me está identificando la fauna, otro el polen; pero yo integro a todos'.


"Sin la cabeza integradora del antropólogo, por más que uno ponga los listados de flora y fauna, si no le da sentido y entrelaza esa información en una historia, en una cronología, en un sistema de organización, el proyecto no funciona. Eso es lo que hoy nos falta".


- ¿Esta falta de liderazgo no es consecuencia lógica de la práctica de gobiernos autoritarios y deshumanizados que dejaron marginados, y en el abandono, a los sectores cultural, social y educativo del país?


"¡Claro! No es solo la parte humanista; lo es también la parte científica. Creo que no les interesó en lo más mínimo. No entendieron que el valor del pasado no se queda en anécdotas. Que se trata de un proceso de comprensión de nuestro presente. Que somos el producto de ese pasado y además este sirve para conocer hacia qué tendencias va la sociedad.


"El pasado nos ayuda a contextualizar mucho de nuestro presente porque es a través de los milenios, y aquí hablo recordando al estudio comparativo de las civilizaciones, qué vamos a entender en este momento, hacia dónde se perfila nuestro futuro, hacia dónde vamos.


"Muchas sociedades urbanas del pasado, muy complejas, se colapsaron por diversos motivos. Esto me ha puesto a pensar en qué momento se eligió la vida urbana como el modelo alrededor del cual la civilización occidental se gestó como la conocemos ahora. Y hablo desde Mesopotamia, los sitios cretenses, la polis griega; Roma, como capital del imperio.


"Si usted piensa en Teotihuacán se remonta a una megalópolis de 125 mil personas en tiempos preindustriales. Y tenemos la Ciudad de México, que es la megalópolis de nuestros tiempos, con los mismos problemas. Es decir, todos estos enormes conglomerados humanos en uno de los puntos más vulnerables del planeta. Hablo de vulcanismo, sismicidad, sequías, inundaciones. ¡Vaya, el peor lugar para poner a 22 millones de personas!


"Ahora, imaginemos que a la Ciudad de México le pasa lo que a Teotihuacán: una sequía prolongada, el cierre de las fuentes de abasto, problemas con el agua y además una confrontación entre dos sistemas: uno muy corporativo y otro con liderazgos individuales, forcejeando por el poder; es decir ahora el sistema federal, el gobierno de la ciudad y las alcaldías. Bueno, ahora entendemos por qué Teotihuacán colapsó.



La doctora Manzanilla y el motivo de su trabajo de investigación: Teotihuacán (Imagen: Marco Mijares / Revista ¿Cómo ves?: UNAM).
La doctora Manzanilla y el motivo de su trabajo de investigación: Teotihuacán (Imagen: Marco Mijares / Revista ¿Cómo ves?: UNAM).

SE ATOMIZÓ EN LUGAR DE INTEGRAR


- En un Foro de Ciencia y Humanismo que la Academia Mexicana de Ciencias organizó en la Ciudad de México, el doctor Pablo González Casanova, ex rector de la UNAM, lanzó una convocatoria a los científicos y humanistas del país a comprometerse con la ciudadanía y a participar en la instauración de la sociedad del conocimiento en México. ¿Es cierto que los académicos, los investigadores y los científicos del país no se comprometen con los problemas de la nación?


"A veces me da la impresión de que a los gobiernos les interesa que no haya una masa pensante congregada en el país. No les interesa que haya una entidad crítica hacia su desempeño y por lo tanto es mejor atomizar, separar, dividir.


"De varios años para acá yo he visto, desgraciadamente, un cambio que ha perjudicado la vida armoniosa de las comunidades académicas.


"En ese foro, el doctor Juan Ramón de la Fuente, entonces rector de la UNAM, encabezó a un grupo de científicos que presentó un documento con una evaluación estadística de cómo estaba distribuido el presupuesto dedicado a la ciencia y como se veía ya su deterioro. Se hicieron propuestas y era una buena iniciativa, pero entregar un documento no garantizó nada.


"Luego fue más evidente que el apoyo a la ciencia básica y a la creación de conocimiento se deterioró tremendamente, pero creo que se debe seguir hablando con los políticos para sensibilizarlos como futuros encargados de un sector del poder. Hablo de la gente que pudiera encabezar al Conahcyt, a las instituciones del sector y los que van a dar el dinero y deciden. Porque, pregunto, ¿qué vamos a hacer con los políticos y los candidatos? No se trata de irse con unos o con otros, sino con todos los que estén interesados en hacer algo por el país, el cual está verdaderamente dividido, pulverizado, y no vemos aún las cosas muy claras".



* Actualización de una entrevista que originalmente se publicó en el portal sinembargo.mx el 6 de marzo de 2012.

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