top of page

El Peligroso Trabajo de los Palmeros Datileros Mexicanos en California

  • Foto del escritor: 4 Vientos
    4 Vientos
  • 27 jul
  • 3 min de lectura

En el Valle de Coachella, los trabajadores de las palmeras datileras enfrentan peligros diarios de sufrir lesiones o ser capturados en redadas migratorias. Todo para cosechar un cultivo especializado que termina en la mesa de comensales anglosajones ajenos a sus penurias laborales y sociales.


David Bacon* / Edición: 4 Vientos



En 2017, José Cruz Frías, un palmero mexicano, trabajó en un bosque de palmeras datileras caminando sobre las propias frundas o frutas del árbol tropical. Cruz llevaba15 años haciendo este trabajo. Originalmente llegó al Valle de Coachella desde Irapuato, Guanajuato, México. Cruz utilizaba el mismo método, con escaleras, que los palmeros han empleado desde el inicio del cultivo de dátiles hace más de un siglo (Imagen: David Bacón).
En 2017, José Cruz Frías, un palmero mexicano, trabajó en un bosque de palmeras datileras caminando sobre las propias frundas o frutas del árbol tropical. Cruz llevaba15 años haciendo este trabajo. Originalmente llegó al Valle de Coachella desde Irapuato, Guanajuato, México. Cruz utilizaba el mismo método, con escaleras, que los palmeros han empleado desde el inicio del cultivo de dátiles hace más de un siglo (Imagen: David Bacón).

Escucha el podcast con el resumen de este trabajo especial:




Alberto Castro, con 15 años de experiencia, describe el riesgo de subir a las palmeras de 12 metros para realizar tareas como la polinización y la cosecha.


Dice que, a pesar de mejoras en la seguridad, como el uso de elevadores y escaleras metálicas, los accidentes son frecuentes y mortales.


En 2016, recordó, dos trabajadores murieron electrocutados en un accidente relacionado con líneas eléctricas.


Por eso, Castro lamenta la falta de seguridad y sueña con un futuro diferente para sus hijos, lejos del peligroso trabajo en las palmeras.


“Hay muchas operaciones diferentes que tenemos que realizar en las palmeras, como la cosecha y la polinización”, explica. “Un mes hacemos una cosa, y al mes siguiente otra. Tenemos trabajo todo el año; nunca paramos”.


Los peligros tampoco cesan. “Las espinas de las hojas son muy largas y afiladas, y pueden sacarte un ojo”, dice.


“Te puedes cortar la mano con el machete. En los 15 años que llevo trabajando aquí no me he cortado gravemente ni me he caído, gracias a Dios. Pero no tengo otro trabajo, así que aquí estoy”.

Castro ha llevado a sus hijos, uno de 7 años y el otro de 11, a trabajar con él los fines de semana, "para que puedan ver cómo se gana el dinero en nuestra familia".


Explica que este trabajo en palmeras no es suficiente para mantener bien a todos, "pero al menos es suficiente para comer, pagar el alquiler y comprar gasolina", afirma.



Todas las imágenes, propiedad intelectual de David Bacon.



Y con determinación agrega: "Espero que les convenza de esforzarse más en la escuela. No quiero que sigan mis pasos. Cada día les digo que, si se esfuerzan, pueden ser médicos, bomberos o lo que quieran, pero no palmero."


Por otra parte, no menos dramática, la historia de Castro se entrelaza con la lucha de los trabajadores migrantes en Estados Unidos.


Destaca que, a ello, se debe sumar un hecho irrefutable: durante los años 70, al igual que ahora, las redadas migratorias eran usadas para desmantelar movimientos sindicales.


A pesar de los retos, dijo, algunos trabajadores de aquella época lograron organizarse y obtener derechos laborales.


La experiencia de Castro y otros trabajadores revela la complejidad de la inmigración y la lucha por mejores condiciones laborales en la agricultura, donde los trabajadores indocumentados son esenciales.


Igualmente, la historia de estos trabajadores refleja una resistencia continua y una búsqueda de justicia laboral en un entorno hostil.


Destaco por último que, a través del relato de Castro y el de otros palmeros como él, podía ver lo dura que había sido la vida para la gente en esas palmeras datileras.


Ahí estaban todos, trabajando en y para Estados Unidos, intentando ganar dinero para enviarlo a sus familias.


Y cuando fueron detenidos y expulsados, esforzándose tanto por volver.



* David Bacon es un escritor y fotógrafo documental de California. Fue activista sindical y hoy da testamento del trabajo, la economía global, la guerra, la migración y la lucha por los derechos humanos. Es colaborador de 4 Vientos.



Comentarios


bottom of page