El Esfuerzo y Amor en la Cosecha de Coles de Bruselas, una Verdura de los Colonizadores de América
- 4 Vientos

- 30 jun
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Actualizado: 30 jun
"En los Estados Unidos, la naturaleza estacional del trabajo agrícola, el racismo que justifica la explotación y la falta de inversión social en las comunidades rurales, conspiran para construir obstáculos de entendimiento casi imposibles de superar."
En un frío día de noviembre, un grupo de trabajadores migrantes mexicanos recogía coles de Bruselas en un rancho a las afueras de Watsonville, California.
David Bacon* / The Bittman Project** / Edición: 4 Vientos

Escucha el podcast con el resumen del fotoreportaje:
Un recolector abrazaba la parte superior de cada tallo largo, acercándolo al pecho, mientras sus manos recorrían el tallo soltando los brotes donde caían ordenados en su cubo.
Otros usaron técnicas diferentes. A menudo un obrero agarraba la planta de abajo, donde sus hojas eran tan grandes como caras, y luego simplemente arrancaba los brotes.
Gran parte del trabajo agrícola se paga por pieza, asegurando que los trabajadores produzcan a un ritmo a menudo demoníaco. Sin embargo, los trabajadores de este sector cobraban por horas.
Por arduo que fuera su trabajo, podían trabajar con cierta dignidad.
Una vez que cada cubo estaba lleno, el recolector lo llevaba a un remolque, pasándolo al cargador, que lanzaba las pequeñas cabezas verdes en grandes contenedores blancos.
Caminaron hasta el camión para vaciar sus cubos, en vez de correr.
En la escuela primaria Ohlone, frente al campo, Jenny Dowd, una profesora bilingüe, guiaba a su entusiasta grupo de 8 y 9 años en una canción para ayudarles a aprender a leer.
Sus alumnos eran hijos de trabajadores agrícolas, en su mayoría mixtecos, que muy posiblemente eran los hombres que cortaban las coles de Bruselas en los campos cercanos.
La costa de California, desde Davenport hacia el sur pasando por Santa Cruz, Watsonville y Castroville, es territorio de coles de Bruselas.
La mayor parte de esta hortaliza en Norteamérica proviene de estos campos, aunque ahora se produce una cosecha creciente en Baja California, en el noroeste de México.
En California, la gran mayoría de las personas que cosechan coles de Bruselas, al igual que quienes recogen otros cultivos, son mexicanas.
Muchos de ellos son migrantes de los estados del sur de México: trabajadores inmigrantes que han cruzado la frontera para trabajar en estos campos.
Estos indígenas han formado comunidades a lo largo de toda la carretera norte, desde México hasta Estados Unidos y Canadá. Su experiencia desafía los prejuicios comunes sobre los inmigrantes.
La política estadounidense trata a los migrantes como individuos de segunda o tercera clase, ignorando las presiones sociales que obligan a comunidades enteras a trasladarse a la Unión Americana, y las redes de familias y pueblos natales que los sostienen en sus viajes.
En la actual ola de deportaciones los padres, a menudo sin papeles, deben dejar atrás a sus hijos nacidos en Estados Unidos, como los niños de la escuela primaria Ohlone.
A veces, este mundo arbitrario recuerda a Alicia en el País de las Maravillas, haciendo justo lo contrario: deportando a jóvenes indocumentados que no recuerdan el lugar donde nacieron, pero al que se ven obligados a regresar.
Sin el trabajo de estas familias no habría coles de Bruselas en la mesa, pero no es el trabajo agotador lo que garantiza una buena vida.
Gaspar Rivera Salgado, profesor mixteco en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), señala:
"Un trabajo en los campos de California, Oregón o Washington no garantiza escapar de una vida precaria. Migrar hacia el norte ya no es un medio para lograr movilidad económica, si es que alguna vez lo fue. Al menos para esta generación es difícil imaginar una salida. La naturaleza estacional del trabajo agrícola, el racismo que justifica la explotación y la falta de inversión social en las comunidades rurales conspiran para construir obstáculos casi imposibles de superar."
Hoy en día, las personas que trabajan en este campo pueden ser inmigrantes en Estados Unidos, pero en una visión histórica más amplia, son descendientes de pueblos indígenas cuya presencia en Norteamérica precedió a Colón y la llegada de las coles de Bruselas por miles de años.
Ahora cruzan la frontera entre México y Estados Unidos como trabajadores migrantes. Muchos hablan lenguas indígenas tan antiguas, o incluso más antiguas que las de los colonizadores, como el mixteco, triqui o náhuatl.
En las conversaciones suaves entre los trabajadores de esta cuadrilla de recolección, se pueden oír esos idiomas mezclados con el español.
A mucha gente le encantan las coles de Bruselas y las sirven en la cena durante el Día de Acción de Gracias.
Los pueblos nativos en Estados Unidos señalan que, en esa fecha, ellos recuerdan el inicio de la colonización europea de América del Norte que los expulsó de las tierras donde vivieron históricamente.
Y recuerdan que las coles de Bruselas llegaron con los colonizadores.
Aunque probablemente los romanos las cultivaban y consumían, las primeras plantas llegaron a este continente con los franceses a las colonias de Quebec y la costa atlántica.
Las coles de Bruselas pueden ser una verdura para los colonizadores, pero tienen muchas propiedades saludables. Contienen sulforafano e indol-3-carbinol, ambos considerados como responsables del bloqueo del crecimiento del cáncer.
Otra ironía más: en campos agrícolas no ecológicos, los equipos de recolección suelen estar expuestos a los productos químicos agrícolas que son una causa importante de la explosión de cáncer en Estados Unidos.
Los trabajadores agrícolas reciben dosis mucho más altas que los clientes del supermercado que compran los productos que los jornaleros cosechan, pero para ellos la cosecha se trata de un trabajo.
Poner la comida en la mesa es realmente uno de los trabajos más importantes que hacen las personas, y uno que recibe menos reconocimiento y respeto.
Así que la próxima vez que decidas cenar coles de Bruselas, primero no las hiervas ya que eso elimina los químicos anticancerígenos saludables.
Y tampoco las calientes demasiado ya que ello es lo que produce ese sabor a azufre que a mucha gente no le gusta.
Pero cuando estén ahí, sobre la mesa, recuerda quién las cultivó y recolectó para que tú puedas disfrutarlas.
* David Bacon es un escritor y fotógrafo documental de California. Fue activista sindical y hoy da testamento del trabajo, la economía global, la guerra, la migración y la lucha por los derechos humanos. Es colaborador de 4 Vientos.
**The Bittman Project establece en si portal digital: "Muchas publicaciones gastronómicas abrazan las partes placenteras y entretenidas de la comida y no tienen nada que ver con todo lo demás; otros se centran en los problemas serios e ignoran la alegría. El Proyecto Bittman hace ambas cosas (además, muchas recetas.)."



























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