El Caso Jasso: Manósfera, Injusticia y Manipulación Política
- 4 Vientos

- 29 jul
- 6 min de lectura
El caso del docente Alberto Israel Jasso Cruz ha generado una considerable conmoción en las redes sociales. En cuestión de horas, un video difundido desde una cuenta de TikTok no verificada, alcanzó a cientos de miles de personas, sugiriendo que había sido víctima de una denuncia falsa por parte de una estudiante.
Roger Ilich* / Edición: 4 Vientos
Manósfera y Red Pill, el vergonzoso exceso de la masculinidad, presentes en el caso del profesor Israel Jasso (Imágenes creadas con Inteligencia Artificial de Bing).
Escucha el podcast con el resumen de este artículo:
Desde entonces, el caso ha sido utilizado por varios perfiles, páginas y medios para cuestionar la legitimidad de las denuncias por violencia y abuso sexual.
Hasta el momento, la información pública sigue siendo limitada. El único posicionamiento institucional relevante ha sido el del Instituto de Educación Media Superior (IEMS), que indicó que los protocolos correspondientes están en curso y exhortó a no difundir información no verificada.
Mientras tanto, el propio docente decidió hacer pública su versión, revelando su identidad y presentándose como víctima de un sistema que, según él, lo abandonó.
Además, exhibió a una menor de edad para un linchamiento mediático.
Este aspecto merece reflexión. La denuncia de la estudiante, según la información disponible, no fue difundida en redes sociales, sino presentada ante las instancias competentes, como se ha solicitado a las víctimas durante años.
En contraste, fue el denunciado quien llevó el caso al ámbito mediático antes de que concluyera cualquier investigación. Esto no demuestra su culpabilidad ni su inocencia, pero sí altera las condiciones para un proceso objetivo.
También es preocupante la rapidez con la que diversos sectores de la derecha conservadora, la "manósfera"**, o grupos vinculados al discurso red pill***, han convertido este caso en una bandera política.
Estos sectores han intentado durante años establecer la idea de que las denuncias falsas son un fenómeno masivo y que las mujeres utilizan las leyes para perjudicar a los hombres.
Sin embargo, la evidencia disponible en México y en otros países muestra que las denuncias deliberadamente falsas representan un porcentaje muy reducido frente al gran número de agresiones sexuales que nunca se denuncian.

Aún más preocupante es la circulación de información cuya autenticidad ha sido cuestionada: supuestos homenajes, funerales, fotografías e incluso imágenes aparentemente generadas con inteligencia artificial.
Así, cuando un caso se convierte en un instrumento de propaganda política, la desinformación suele reemplazar a una investigación seria.
Igualmente, la derecha construye el relato de que una denuncia equivale automáticamente a la destrucción irreversible de la vida de un hombre, pero los casos de hombres con poder económico, político o mediático demuestran que esa supuesta "cancelación" no opera de la misma manera.
El poder, el dinero y la clase social actúan como mecanismos de protección.
Mientras tanto, las víctimas suelen cargar durante años con las consecuencias psicológicas, sociales y económicas del abuso, independientemente del desenlace judicial.
El caso de Cristiano Ronaldo es ilustrativo en este sentido. Fue denunciado por Kathryn Mayorga por una presunta agresión sexual ocurrida en 2009.
Ronaldo negó los hechos. Años después se supo que había existido un acuerdo de confidencialidad por 375 mil dólares, sin que ello constituyera una admisión de culpabilidad.
Posteriormente, la fiscalía decidió no presentar cargos penales al considerar insuficiente la prueba para acreditar el delito más allá de toda duda razonable.
Durante todo ese proceso, Ronaldo siguió siendo uno de los deportistas mejor pagados del mundo, firmó contratos millonarios, continuó jugando en la élite y conservó la mayoría de sus patrocinadores.
Y el de Ronaldo no es un caso aislado.

En el Mundial de 2026 participaron al menos once futbolistas que enfrentaban acusaciones graves de violencia contra mujeres, agresiones sexuales o investigaciones judiciales. Algunos tenían procesos abiertos, otros habían llegado a acuerdos extrajudiciales y otros seguían siendo investigados.
Ninguno de esos antecedentes impidió que continuaran desarrollando sus carreras deportivas al máximo nivel.
Desde una perspectiva de clase, esto evidencia una realidad incómoda: la justicia tampoco opera igual para todos.
Un trabajador o profesor difícilmente cuenta con equipos jurídicos multimillonarios, asesores de imagen, departamentos de comunicación o redes de poder institucional.
Tampoco una víctima enfrenta las mismas condiciones cuando el denunciado es una figura pública con enormes recursos económicos.
Paradójicamente, quienes sí suelen ver transformadas radicalmente sus vidas son las víctimas.
Numerosos estudios muestran que las agresiones sexuales pueden dejar secuelas psicológicas persistentes (como estrés postraumático, ansiedad, depresión, dificultades para establecer relaciones de confianza o para continuar con sus estudios y proyectos de vida) incluso cuando el agresor nunca es condenado judicialmente.
El daño no desaparece porque el expediente se cierre. Por eso resulta problemático convertir un caso aún no resuelto en la prueba de que "las denuncias falsas destruyen la vida de los hombres".
Esa afirmación invisibiliza dos realidades: primero, que las denuncias deliberadamente falsas representan una proporción muy pequeña respecto del conjunto de denuncias; y segundo, que las relaciones de poder y de clase condicionan profundamente quién carga realmente con las consecuencias sociales, económicas y psicológicas de un proceso.

Comparto además esta reflexión desde una experiencia personal.
Trabajé en el Bachillerato Tecnológico de Educación y Promoción Deportiva (BTED), donde estudiantes denunciaron situaciones de acoso, violencia e incluso abuso sexual por parte de algunos entrenadores y docentes.
Hubo casos reportados tanto en nuestro plantel como en otros estados, incluyendo uno donde un docente adulto mantuvo una relación con una estudiante menor de edad y, hasta donde sabemos, continuó laborando dentro del subsistema.
Quienes decidimos acompañar esas denuncias y señalar además prácticas de nepotismo, acoso laboral y diversas irregularidades fuimos etiquetados como "problemáticos". En lugar de investigarse a fondo las denuncias, nuestros contratos simplemente dejaron de renovarse.
Esa experiencia me enseñó que, con demasiada frecuencia, las instituciones protegen su imagen antes que a las posibles víctimas.
Por eso considero profundamente peligroso que un caso todavía no esclarecido sea utilizado para sembrar desconfianza hacia quienes denuncian violencia sexual.
La presunción de inocencia es un principio jurídico fundamental y debe respetarse, pero ese principio no puede convertirse en un argumento para desacreditar de manera automática a quienes denuncian.
Del mismo modo, brindar protección y credibilidad inicial a una posible víctima no equivale a dictar una sentencia anticipada contra la persona denunciada.
Lo verdaderamente responsable es permitir que las instituciones investiguen con seriedad, respetando el debido proceso, protegiendo a las posibles víctimas y garantizando también los derechos de las personas denunciadas.
Lo que no podemos permitir es que, antes de conocer los hechos, una campaña mediática convierta un caso particular en un arma para debilitar décadas de lucha contra la violencia sexual y para desalentar a niñas, adolescentes y mujeres que todavía hoy dudan si denunciar por miedo a no ser escuchadas.

*Roger Ilich es un psicólogo bajacaliforniano radicado en Mexicali. Proporciona asesoría educativa y académica en la asociación civil Psicoeducativo Colibrí. Asimismo, es creador digital independiente.
**La manósfera es un conjunto de comunidades digitales; canales, influencers y foros de internet que comparten la idea de que los avances en los derechos de las mujeres y de la diversidad sexual han perjudicado a los hombres. Aunque algunos de estos espacios hablan de problemas reales que afectan a muchos hombres, con frecuencia terminan promoviendo discursos antifeministas, misóginos y contrarios a la igualdad de derechos.
***La Red Pill es una de las corrientes más conocidas dentro de la manósfera. Toma su nombre de la película The Matrix y sostiene que quienes la siguen han "despertado" a una supuesta verdad. Una en la que el feminismo manipula la sociedad y que los hombres deben recuperar una masculinidad basada en el dominio, la competencia y el control.
Entre las ideas que suelen difundirse en estos espacios están que las mujeres son "hipergámicas" por naturaleza, que el feminismo busca someter a los hombres, que la masculinidad debe ser dura y dominante, y que los derechos de las personas LGBT+ representan una amenaza para el orden social.
Estas ideas suelen ser promovidas por diversos influencers y gurús de la llamada "masculinidad". Uno de los casos más conocidos es Andrew Tate, quien ha difundido discursos de supremacía masculina y enfrenta procesos penales relacionados con acusaciones de trata de personas, violación y constitución de un grupo de delincuencia organizada, cargos que él niega y que continúan en distintas instancias judiciales. También existen otros creadores de contenido que, con distintos matices, promueven una visión tradicional y jerárquica de las relaciones entre hombres y mujeres, presentándola como la única forma legítima de masculinidad.
Hay dos series en Netflix que podrían ayudar a comprender más el tema: "Louis Theroux, dentro de la machosfera", y "Adolescencia".



Comentarios