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Acuñan el concepto “Cultura de la Madreperla” para la prehistoria del sur de BCS

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    4 Vientos
  • 20 feb
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La “cultura de la madreperla” simboliza una cosmovisión que pudo ser factor importante de una larga tradición cultural en la región sur de la península bajacaliforniana.


 

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Cultivo de Madreperla bajacaliforniana, hoy (imagen en el sudcaliforniano.com.mx).
Cultivo de Madreperla bajacaliforniana, hoy (imagen en el sudcaliforniano.com.mx).
 

El concepto se consolidó luego de 30 años de trabajo científico en materiales arqueológicos hallados en la Covacha Babisuri y otros 127 sitios de las Islas Espíritu Santo y La Partida, Baja California Sur.


Así la define la arqueóloga del Centro INAH Baja California Sur, Harumi Fujita Kawabe, quien coordinó el libro “Covacha Babisuri. Doce mil años de prehistoria en Isla Espíritu Santo, BCS” (2023), editado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).


De acuerdo con un comunicado del instituto, las páginas del libro están centradas en el sitio donde, entre 2001 y 2006, se hallaron 43 anzuelos elaborados en madreperla, incluido uno cuya antigüedad se determinó en 8,320 años antes del presente (A.C,).


Los anzuelos de la Covacha Babisuri, explica la especialista en el texto, constituyen una de las evidencias más tempranas de explotación marítima con industria lítica en el mundo.


Igualmente, entre los más antiguos del continente americano.


 

“En el mismo sitio se descubrieron 14 perlas Pinctada mazatlanica (madreperla) y una de almeja chocolata trabajadas, unas acanaladas y otras con incisiones”, manifestó la investigadora social.


 

La publicación también revela que la fecha de dos de ellas las sitúa como “las perlas modificadas por mano humana y fechadas más antiguas del mundo”: la primera, entre 8,650 y 8,410 A.C.; y la otra, entre 8,552 y 8,370.



Aunque las personas que habitaron la Covacha Babisuri no sabían perforar perlas, la práctica de acanalarlas la iniciaron desde el Holoceno Temprano, hace aproximadamente 8,500 años, continuó hasta la época de contacto con los europeos, y se difundió en algunos sitios del noreste de la región del Cabo”.

(Harumi Fujita Kawabe).



El INAH destaca que la investigación establece que, en la Covacha Babisuri, la madreperla fue explotada como alimento y utilizada, incluidas las perlas, como materia prima para crear instrumentos y ornamentos, desde hace 12,000 años.


 


 

Así, la concha y los artefactos elaborados con ella tuvieron un significado ideológico regional y un simbolismo de identidad en los sitios de la Isla Espíritu Santo, el cual floreció y se consolidó hacia 1000 y 1700 después de Cristo, en la actual región del Cabo.


Destaca asimismo que eso se reflejó en la explotación masiva del bivalvo en la mayoría de la costa del Golfo de California, como lo muestra la presencia de pectorales de ese material, asociados a entierros depositados en cuevas funerarias tipo Las Palmas y en concheros, como El Conchalito.


En Babisuri se registró que conchas de diversas especies, grandes y planas se usaron como contenedores, platos o sartenes, en ausencia de vasijas de cerámica.


 

En el libro se corrobora que no todos los sitios tempranos en América están relacionados con los paleoindios, portadores de puntas acanaladas tipo Clovis o Folsum”, indica la especialista.


 

De hecho, las evidencias indican que en la Covacha y en diversos sitios de Espíritu Santo, los primeros pobladores en la costa explotaron los recursos marinos y establecieron su manufactura de herramientas líticas, de concha y coral.


 

“La Covacha Babisuri es diferente a otros sitios tempranos -dice la investigadora- porque no hay presencia de restos de megafauna ni artefactos típicos, como puntas acanaladas”.


 

Sin embargo, agrega, tiene similitudes con tradiciones tempranas denominadas Paleocosteras, identificadas en la costa noroeste de los Estados Unidos y en la isla Cedros, al norte de Baja California, hacia el océano Pacífico.


De acuerdo con el INAH, la publicación establece tres periodos de ocupación continua en la Covacha Babisuri: Temprano (12,000-8,000 a.c.); Medio (8,000-2,000 a.c.) y Tardío (2,000-300 a.c.)


 

A inicios del siglo XX llegó a la ciudad de La Paz, Baja California Sur, el traje para bucear, herramienta que permitió bajar al mar y encontrar las perlas que se habían salvado de ser extraídas en los dos siglos anteriores. En 1903, el doctor Gastón Vives fundó la Compañía Criadora de Concha y Perla de Baja California, S.A., en donde se implementó por primera vez en el mundo una tecnología de cultivo sustentable. Esta técnica aún se aplica en las diversas granjas productoras de perlas existentes en a actualidad (Imagen: traje de buceo de perlas en California, a finales del siglo XIX / National Geographic).
A inicios del siglo XX llegó a la ciudad de La Paz, Baja California Sur, el traje para bucear, herramienta que permitió bajar al mar y encontrar las perlas que se habían salvado de ser extraídas en los dos siglos anteriores. En 1903, el doctor Gastón Vives fundó la Compañía Criadora de Concha y Perla de Baja California, S.A., en donde se implementó por primera vez en el mundo una tecnología de cultivo sustentable. Esta técnica aún se aplica en las diversas granjas productoras de perlas existentes en a actualidad (Imagen: traje de buceo de perlas en California, a finales del siglo XIX / National Geographic).
 

“Hace 12,000 años, la Isla Espíritu Santo conectaba con la península cuando ésta comenzó a ser habitada, y los moluscos constituyeron la dieta principal, se explotaron bancos de conchas fosilizadas de diferentes especies para usarse como herramientas y recipientes”, reveló Harumi Fujita.


El nivel del mar ascendió gradualmente desde hace 18,000 años, y hace 8,000 se formó la Isla Espíritu Santo.


En el Periodo Medio se cubrieron de agua los bancos de conchas fosilizadas, y en los hallazgos de este periodo se localizó la mayor cantidad de material lítico tallado y piedras de molienda.


Al inicio de la capa estratigráfica del Periodo Tardío, describe la nota informativa del Instituto, se nota un cambio relevante: valvas casi completas de madreperla cubren la mayor parte de los bancos, lo que indica una preferencia por su recolección.


 

“La madreperla habita aguas profundas; extraerla requería de la técnica del buceo y salida en balsas”, explica la arqueóloga.


 

Por eso la recolección de este insumo era relevante para los pobladores, quienes arriesgaban su integridad física sumergiéndose hasta 25 metros, sin equipo.


Respecto al libro, que se presentará este 20 de febrero a las 18:00 horas en la apertura del ciclo “Palabra de nuestros autores” (ver en INAH TV, donde quedará disponible para los interesados), el INAH informa que estará disponible en formatos físico y electrónico.


Cuenta con el prólogo del investigador norteamericano Don Laylander, reconocido experto en la prehistoria de la Alta y Baja California, así como la colaboración de seis especialistas -José Luis León de la Luz, José Luis Alvarado, Andrea Guía Ramírez, Judy Porcasi, Anna Noah y Leticia C. Sánchez García-, quienes participaron en los análisis de flora, polen, fauna, peces y restos humanos.

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